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¿Cómo fomentar el optimismo?


El optimismo es uno de los ingredientes esenciales en la receta de la felicidad y del crecimiento personal. Aunque proporcionarles afecto, ponerles límites que les permitan desenvolverse en la vida o animarles a que creen relaciones positivas y duraderas son aprendizajes y estrategias muy importantes, enseñarles a ser optimistas es una de las mejores herencias que puedes dejarles.

Además, el optimismo es un antídoto contra la tristeza porque les conduce a tener pensamientos positivos y a ver la vida llena de posibilidades y no de obstáculos.

¡Puedes convertirte en todo un maestro del optimismo! Te damos algunas claves para conseguirlo:

Predica con el ejemplo ¡Aprende a ser optimista!

Aunque hay personas que tienen cierta predisposición al pesimismo, se puede aprender a ser más optimista si se desea. Si este es tu caso, no te resignes y esfuérzate para aprender de los fracasos en lugar de machacarte por ellos y para afrontar las dificultades con esperanza. Hoy en día puedes encontrar muchos libros de autoayuda y recursos que pueden ayudarte a ver el vaso más lleno que vacío.

Los niños aprenden lo que ven así que si tomas una actitud pesimista ante la vida, es probable que tus hijos también lo hagan. ¡El pesimismo se contagia!

Pon mucho cuidado en la forma en que corriges a tus hijos

Existe la creencia de que la crítica es un estupendo motivador y que señalando los errores se consigue mejorar. Aunque esto es cierto, hay trampa en esta afirmación. La crítica puede ser un motor de cambio y crecimiento siempre y cuando se haga de forma constructiva. Por el contrario, cuando haces uso de la crítica destructiva, siendo muy exigente, etiquetando y juzgando a tu hijo cada vez que comete un error (“eres un vago”, “así no llegarás a ningún sitio”…) o centrándote sólo en lo que ha ido mal, estarás conduciendo a tu hijo por el camino del pesimismo, la autocrítica desmedida y la inseguridad.

Sé concreto y céntrate en el problema

Los niños, al igual que los padres, tropiezan con frecuencia con la misma piedra. Es normal que si ya has corregido mil veces el mismo fallo, te enfade cada vez que vuelve a hacerlo. Pero no debes descargar toda tu frustración sobre la espalda de tu hijo porque puede sentirse muy culpable o incluso desconcertado. Los problemas hay que tratarlos de uno en uno y dejando las experiencias pasadas aparcadas a un lado. Hay que enseñarles a aprender de sus fallos y no a machacarse cada vez que los cometan.

Anima a tu hijo a que detecte el problema o fallo

Nuestros hijos no siempre saben que lo que hacen está mal o que hay una mejor forma de hacerlo. No hay que olvidar que ellos aún tienen muchas cosas por aprender y que nosotros disponemos de muchas estrategias para ayudarles. Te animamos a que ante un problema o dificultad, les ayudes a revisar lo ocurrido y analizar las consecuencias. De esta forma no sólo les ayudamos a que se enfrenten sin miedo a sus propios fallos sino que además les demostramos que nuestro amor hacia ellos es incondicional, liberándoles de la gran carga de “ser perfectos”.

Ayúdale a que él mismo resuelva la situación

A veces para evitarles sufrimiento o para no perder el tiempo porque nosotros lo hacemos más rápido, les resolvemos sus problemas o les damos respuesta a todas sus preguntas. Dejemos que sean ellos los que lleguen a sus propias soluciones y que se sientan protagonistas de sus vidas. Estaremos ayudándoles a creer en sí mismos y a no dejarse derrotar por los problemillas cotidianos que van surgiendo.

Felicita a tu hijo por sus logros

No dejes que ningún logro de tus hijos se quede sin reconocimiento. Cada vez que hagan algo bien, felicítales e incluso puedes premiarles cuando hayan hecho un gran esfuerzo. Que tú hijo sienta que aunque de vez en cuando meta la pata también hace cosas bien, le hará ver la vida de otro color.

Busca el lado positivo de las cosas

Un recurso sencillo y barato para practicar el optimismo en familia es anotar o comentar las cosas buenas que hemos vivido. Buscad un momento de la semana en el que dispongáis de tiempo y en el que os podáis reunir para que cada uno diga algo positivo que haya ocurrido en la última semana y el papel que cree que desempeñó para que eso ocurriera así. (“He sacado una buena nota en lenguaje porque me esforcé mucho”). Sin daros cuenta tanto tú como tus hijos comprobaréis que vuestro comportamiento contribuye a que las cosas buenas sean buenas. Aprended a buscar y encontrar vuestro papel en los pequeños o grandes éxitos de vuestro día a día.

¿Todo un reto verdad? Pero bueno nadie dijo que educar fuera fácil. Recuerda que enseñar optimismo a tus hijos es tan importante como enseñarles a ser responsables y trabajadores. Enseñarles a ver el lado positivo de las cosas es empujarles a vivir una vida con una actitud de confianza y esperanza pero también de esfuerzo y superación.

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