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Padres relajados, familias en calma: ¿cómo gestionar tu estrés?


Vivimos en la sociedad de las prisas y la multitarea. Rutinas frenéticas cargadas de actividades y responsabilidades. Estamos expuestos a altas dosis de estimulación que inevitablemente nos mantiene en “modo alerta” prácticamente todo el día. Muchas cosas que abarcar en poco tiempo. Ante este panorama no es de extrañar que el estrés se haya acomodado en muchos hogares como un integrante más de la familia.

La familia es un espacio en el que sus miembros se influyen mutuamente. Las acciones de uno desencadenan acciones en otro y esto repetido una y otra vez, da lugar al estilo de interacción y a las rutinas familiares. Pero la influencia que tienen los padres sobre los hijos es mucho mayor que la de los hijos sobre los padres. Esto es debido a que nuestros hijos, en pleno desarrollo físico y emocional, son más vulnerables a los condicionantes externos.

Partiendo de lo anterior, se ha comprobado que cuando un padre está estresado es muy probable que su hijo se contagie rápidamente de ese estrés. La tensión, nerviosismo e irritabilidad del padre es observada por el hijo, que enseguida toma como propios dichos síntomas. Además los niños aprenden a reaccionar con estrés ante diferentes situaciones de su vida y repiten los mismos patrones de afrontamiento que observaron en sus padres.

Aunque no siempre será sencillo, es importante que te propongas no dejar que tus hijos se vean afectados por tu estrés. Te proponemos algunas ideas:

  • Aprende a controlar tu estrés. Puede que te parezca imposible pero se puede. En el artículo: “20 claves para combatir tu estrés” te enseñamos cómo puedes conseguirlo.

  • Reserva un tiempo de calidad con tus hijos. No limites el tiempo que pasas con tus hijos a los baños, deberes o el camino al colegio. Sé generoso y planifica momentos para charlar, jugar o hacer alguna actividad con ellos. Desconecta de todo lo demás y céntrate en lo que estés haciendo. Observarás como el estrés desaparece y estarás contribuyendo al buen desarrollo de tus hijos.

  • Enriquece tu vida. Dedica tu tiempo a las cosas que son realmente importantes. Aprende a decir no a planes, nuevas responsabilidades… si crees que eso puede ayudarte a vivir más acorde con tus objetivos. Y recuerda reservar parte de tu tiempo para ti mismo porque se ha demostrado que las personas que lo hacen, son mucho más felices y la felicidad amortigua los efectos del estrés. No se puede dar lo que no se tiene así que si tu objetivo es educar desde la calma, debes cuidarte y reducir tus niveles de estrés.

  • Cuidado con los ladrones de tiempo. Móvil, tablet, televisión… El tiempo que dedicas a responder emails, contestar whatsapp, ver un vídeo… se lo estás robando a tus hijos. Cuando estés con tu familia, estáte en cuerpo y alma con ellos y enseñales el valor de vivir y compartir el presente.

  • Comunícate. Se ha demostrado que las familias que se comunican de forma respetuosa y sincera, tienen mejores relaciones y gestionan mejor emociones como el estrés, la ansiedad o la tristeza. Además, una buena comunicación ayuda a prevenir mejor los conflictos, que son la fuente de estrés familiar por excelencia.

  • Fomenta un ambiente familiar relajado. Los gritos, la música alta, la televisión como ruido de fondo, la desorganización en las rutinas, las discusiones frecuentes, el desorden… Aunque hayas pasado un día de mucho estrés si al llegar a casa el clima es tranquilo, tu tensión irá desapareciendo y podrás disfrutar de la familia.

  • No escondas tu estrés. No te empeñes en sobreproteger a tu hijo más de la cuenta. Aunque no tienes que hacerle partícipe de las causas de tu estrés si no lo consideras necesario, si puedes normalizar la emoción hablando abiertamente de ella. Recuerda que el problema no está en experimentar estrés sino en dejarnos llevar por él y que eso repercuta en casa.

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