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¿Cómo educar en el esfuerzo y la responsabilidad desde el ejemplo?


Como vimos en el primer artículo de esta serie "Esfuerzo y responsabilidad: ¿qué entendemos por estos valores?" estos se adquieren de forma progresiva y deben enseñarse a los niños desde que son pequeños. Recordemos que los niños son esponjas y van imitando las actitudes que nosotros tenemos, así que, si queremos ayudarles a ser responsables ¡seamos el mejor ejemplo!

He aquí algunos consejos:

Educa desde el ejemplo.

Educar con nuestro ejemplo es una de las herramientas más valiosas que tienen los padres. El amor y respeto que sienten tus hijos hacia ti es el motor que te invita a ser un modelo para ellos. Seguro que hay muchas cosas que haces que te cuestan esfuerzo, pero que implican cumplir con tu responsabilidad y tus principios. Házselo saber de forma explícita con algún ejemplo: “Aunque me cuesta mucho madrugar para hacer gimnasia, me siento fenomenal cuando termino. Además, cuando salimos todos el domingo a montar en bici aguanto mucho más subiendo las cuestas. ¡El esfuerzo merece la pena!”. Puedes ejercitar alguna habilidad delante de tu hijo y así hacerle ver lo importante que es esforzarse durante toda la vida y actuar con responsabilidad. El ejercicio físico, por ejemplo, es una magnífica forma de desarrollar la autodisciplina.

Educa desde la humildad. Nadie es perfecto.

Fruto de la admiración, los hijos ven a sus padres capaces de hacer cualquier cosa. Educa a tu hijo desde la humildad, haciéndole saber que a los adultos también hay tareas que nos requieren esfuerzo. Esto hará que te admire mucho más y que comprenda que cualquier persona, con algo de esfuerzo, puede llegar muy lejos.

Cuéntale tus anécdotas de superación y trabajo, haciéndole ver que muchas veces aprendiste de tus errores. Hazle ver que fueron precisamente los fallos los que te hicieron aprender y encontrar las soluciones. Esto le animará a pensar que él también lo puede conseguir.

★ Cuida tu lenguaje, orientándolo a potenciar el esfuerzo.

En ocasiones utilizamos algunas expresiones que, sin darnos cuenta desaniman a los niños a seguir esforzándose. ¿Cómo felicitar a los hijos o criticar su trabajo? Algunos estudios psicológicos indican que es mucho más saludable elogiar e incluso criticar a los niños no tanto en función de los resultados que obtienen por su trabajo sino valorando el proceso que han llevado a cabo, (su esfuerzo, errores, estrategias, recurso, logros...).

Comparemos las dos opciones:

1. Hacer críticas o elogios al niño o a los resultados que ha obtenido.

Juzgar a los niños por sus resultados en positivo, (“eres brillante” o “has conseguido muy buenas calificaciones este trimestre”), o en negativo, (“eres torpe practicando este instrumento” o “el resultado no ha sido bueno”) no les ayuda, ya que no les da mucha más información de la que ya tienen. Puede a la larga hacerles sentir indefensos e incluso culpables, pues no les prepara para tareas largas, dificultosas o laboriosas. Puede haber también una mayor predisposición a abandonar tareas que requieren mayor esfuerzo o perfeccionamiento. Se piensa que esta manera de “valorar” sus logros o fracasos tampoco beneficia su autoestima, pues hace que dependan en exceso de la aprobación de los demás.

2. Hacer críticas o elogios al esfuerzo, métodos y estrategias que utilizó.

Según las investigaciones, es mucho más saludable felicitarles o criticarles en función de lo que hicieron durante la tarea, analizando su esfuerzo y dedicación. ¿por qué? Porque esto hará que se fijen en los procesos que siguieron para hacer las cosas bien (o mal). Les dará pistas, ayudándoles también a examinar algunos errores que cometieron y a plantearse soluciones para mejorarlos. Por ejemplo: “has estado muy atento”, “te esforzaste mucho”, “estuvo bien buscar alternativas”, “te detuviste demasiado en los detalles, deberías haber tenido una visión más global”, “veo que sabes hacer algunas cosas, pero fallaste en las operaciones matemáticas”, “intenta practicar más esas notas musicales”, “intenta mantener el equilibrio” ...

En realidad, si lo pensamos bien, es mucho más lógico juzgar a los niños por lo que están intentando hacer y no por lo que son.

Esta “tutorización” sobre el procedimiento utilizado analiza con ellos sus errores y éxitos durante el proceso, los va moldeando. Este será el primer paso para que aprendan a hacerlo por sí mismos más adelante. Les ayudará a perfeccionar progresivamente lo que hacen y a tener un estilo de afrontamiento más ajustado. Aprenderán a afrontar los posibles contratiempos o dificultades y ello les hará más persistentes en sus propósitos. Por otro lado, su autoestima no se resentirá, incluso cuando criticamos su trabajo, pues les estamos motivando y ayudando a mejorar.

★ Educa desde la responsabilidad.

Explica a tus hijos cuáles son tus responsabilidades más importantes: la familia, el trabajo, el hogar... Hazles saber que tu mayor responsabilidad es su crianza, que te esfuerzas por verles crecer seguros y sanos, y que es precisamente ese esfuerzo el que te da las mayores satisfacciones.

Sé constante con las normas familiares y ten paciencia.

Educa en comunidad.

No siempre puedes disponer de todo el tiempo ni de las posibilidades que te gustaría dedicar a la educación de tus hijos. Utiliza recursos de tu entorno que te ayuden y puedan apoyar vuestra labor como padres. Apóyate en instituciones de confianza con fines educativos que refuercen los valores que deseáis inculcar a los hijos, por ejemplo, los grupos de Scout. Puedes encontrar información sobre sus principios y actividades en este enlace.

Recursos

Existen muchas películas y documentales para reflexionar sobre el valor del esfuerzo. Te sugerimos dos:

• La película de “El Bailarín, que narra la vida de Rudolf Nureyev, su capacidad de esfuerzo, constancia y sacrificio al servicio del cumplimiento de sus éxitos.

• El documental “Paco de Lucía. La búsqueda” refleja la importancia del esfuerzo y el trabajo en la vida del músico, a través de un recorrido por su biografía.

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Este artículo forma parte de una guía para educar en el amor, la generosidad y la bondad. Si quieres seguir leyendo sobre el tema te invitamos a leer los artículos relacionados que encontrarás al final del artículo o descargar la guía completa.

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