¿Cómo educar en el valor del respeto y servir de ejemplo?

Actualizado: 10 de jul de 2020


Como vimos en el primer artículo de esta serie "¿Qué entendemos por respeto?" es un valor esencial que se adquiere de forma progresiva y está presente en todas las áreas de nuestras vidas. Debe enseñarse a los niños desde que son pequeños, puesto que van imitando actitudes que nosotros tenemos: es importante que seamos un buen ejemplo a seguir.

10 pautas para educar en este valor:

1. Sé amable con tu hijo

Recuerda que eres un ejemplo de comunicación para él. Evita hablarle con gritos o amenazas. Aunque en ocasiones, la difícil tarea de educar nos puede hacer perder un poco los nervios, las malas formas no nos dan más autoridad ni hacen que nuestros hijos nos respeten. Si nos hacen caso, será por miedo y porque tenemos más poder sobre ellos, pero cuando tengan oportunidad, nuestros hijos se saltarán las normas. La autoridad se ejerce desde el respeto, la coherencia y los límites firmes, pero nunca desde el miedo, la amenaza o la violencia.

Pon en marcha conductas de cortesía: salúdale y despídete de él, pídele por favor las cosas, dale las gracias. Ser amable con él a la hora de ejercer tu autoridad le ofrecerá un modelo de cómo hacerlo cuando tenga que relacionarse con otras personas.

2. Anímale también a que se comporte con amabilidad

Si por ejemplo te grita: “¡dame las galletas!” no se las des inmediatamente y recuérdale que te las pida por favor. Establece fórmulas amables para la comunicación en familia.

3. Escucha a tu hijo sin interrumpirle

Muéstrale que te interesa y valoras lo que tiene que decir. Ten en cuenta sus gustos y sus opiniones. Permítele tomar pequeñas decisiones siempre que sea posible, por ejemplo, qué cuento le apetece leer, qué juguete se quiere llevar o qué camiseta se va a poner.

4. No le des todo en el momento en el que lo pida

Enseñar a los niños a esperar y tolerar la frustración son habilidades que les acompañarán toda la vida y que pueden aprender desde pequeños. Por ejemplo, si te interrumpen una conversación con peticiones que pueden esperar, diles que estás hablando y que en ese momento no puedes escucharles y que cuando termines de hablar, les prestarás atención.

5. Pon límites claros

Los límites enseñan a los niños hasta donde pueden llegar y qué cosas no pueden ni deben hacer. La opinión de todos los miembros de la familia debe ser escuchada, pero sois los padres quienes debéis marcar los límites y decir no a lo que consideréis importante.

Algunos límites velan por la seguridad e integridad de vuestros hijos y de los demás, y no se pueden negociar. Por ejemplo, si tu hijo quiere ir en el coche sin ponerse el cinturón de seguridad, quiere subirse a un árbol muy alto para él, o lanzar piedras en un entorno en el que podría golpear a alguien, no podéis permitírselo ni ceder.

Otros límites regulan la forma en que nos relacionamos con los demás y nos indican qué conductas son adecuadas y cuáles no. Por ejemplo, no podemos permitir que nuestros hijos nos griten, peguen, ni nos hablen de forma despectiva, y debemos hacérselo saber en el momento en el que se comportan así.

Los límites deben ser razonables y consistentes, pero no rígidos. Algunos pueden variar y flexibilizarse con el tiempo a medida que tu hijo crece. En alguna etapa evolutiva como la adolescencia, los límites serán quizás más necesarios. Consulta nuestras recomendaciones específicas para esta edad.

6. Establece normas que favorezcan relaciones respetuosas, el autocuidado y la asunción de responsabilidades de todos los miembros del hogar (siempre acordes a la edad y capacidad de cada miembro).

Por ejemplo, lavarse los dientes después de cenar, acostarse a una hora determinada, recoger los juguetes, limpiar lo que ensuciamos, poner la mesa, dar las gracias, hablarse con amabilidad o no coger las cosas de los demás sin permiso son normas que ayudan a mejorar la convivencia familiar y a mantener rutinas saludables.

Debemos tener en cuenta que los niños aprenden el valor de las normas poco a poco, y a veces necesitan romperlas para experimentar con ellas y aprender las consecuencias de su incumplimiento. Esto forma parte de su desarrollo y les ayudará a entender lo que pueden hacer y lo que no.

Puedes ayudar a tus hijos a que comprendan la necesidad de estas normas familiares explicándoles su sentido:

- Es la responsabilidad de papá y mamá hacer que crezcáis seguros, cuidados y sanos.

- Los padres no ponen estas normas por capricho, sino por el bienestar de sus hijos. Las normas familiares son una demostración de amor y nos ayudan a convivir mejor.

- Las normas suponen beneficios para los hijos, (lavarse los dientes nos ayudará a tener una dentadura sana, irse a la cama a la hora establecida hará que estemos más activos y concentrados al día siguiente...)

Explicarles la utilidad de las normas les ayudará también a comprenderlas, estimulando su razonamiento y su pensamiento crítico. Además, si sois constantes, vuestros hijos comprenderán que las normas familiares son estables y no dependen de quién esté en casa. Se han de cumplir porque son buenas para todos. Incluso más adelante comprenderán que han de cumplirlas por sí mismos sin que nadie se lo pida.

Para que tu hijo comprenda claramente las normas, estas deben ser concretas. Por ejemplo, en vez de decirle “pórtate bien”, le podemos decir lo que significa para nosotros que se porte bien: recoger los juguetes, ayudar a poner la mesa, hablar en voz baja en una sala de espera, no levantar la voz en el coche cuando mamá o papá están conduciendo, etc. Es preferible establecer pocas normas básicas bien definidas, a crear un largo listado de normas que pueden ser difíciles de recordar y de cumplir para tus hijos, y que al final, más que mejorar la convivencia, la empeoren.

Las normas familiares se deben hablar abiertamente y se pueden anotar/ dibujar en una pizarra a la vista de todos, recordándolas cuando haga falta.

7. Establece previamente las consecuencias del incumplimiento de las normas

Los niños deben saber que sus acciones