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¿Qué entendemos por humildad y por qué es importante practicarlo?


Este artículo es el primero de una serie que trata el tema de la humildad. Nuestro objetivo es poder brindarte una guía en la que encuentres respuesta a las preguntas que te pueden surgir a la hora de educar en este valor, pautas sobre cómo cultivarlo y recursos prácticos en los que te puedes apoyar.

1. ¿Qué entendemos por humildad y porque es importante practicarlo? (estás aquí)

2. ¿Cómo educar en humildad desde el ejemplo?

3. Humildad: Propuestas prácticas para menores de 6 años

4. Humildad: Propuestas prácticas para niños de 6 a 12 años

5. Humildad: Propuestas prácticas para adolescentes

Si te interesa puedes descargarte la Guía Completa o leer cada uno de los artículos.

¿Qué entendemos por humildad?

Para nosotros una persona humilde es aquella que es consciente tanto de sus virtudes como de sus limitaciones, reconociendo y aceptando los éxitos y fracasos en igual medida. Los humildes no se sienten ni más ni menos que nadie, y se reconocen tal y como son.

El humilde tiene una actitud activa frente los retos. Busca aprender y superarse pero asumiendo que no siempre será posible. No se compara ni compite con los demás porque entiende que cada cuál es único, con sus debilidades y fortalezas.

“La humildad salva al hombre, la soberbia lo pierde. La clave está en el corazón: el del humilde está abierto y sabe arrepentirse; el del soberbio es arrogante y cerrado” Papa Francisco

¿Por qué es importante practicar la humildad?

La humildad es un valor muy importante que todos deberíamos acoger en nuestra vida, pero ¿por qué nos cuesta tanto? Seguramente sea porque “ser humilde” no siempre ha gozado de muy buena fama. Se puede pensar erróneamente que la persona humilde es débil, poco carismática o incluso un poco básica y simple pero nada más lejos de la realidad. La persona humilde disfruta de grandes beneficios y virtudes. Estos son algunos de ellos:

✓ Relaciones más gratificantes y sólidas

La humildad favorece que haya un ambiente relajado y pacífico. Nos relacionamos con los demás desde la apertura y el respeto generando vínculos duraderos y sólidos. Esto hace que los demás se sientan bien, estrechando así los lazos y fortaleciendo las amistades. Además, la persona humilde es generosa y capaz de posponer su gratificación para ayudar o entregarse a los demás.

La humildad nos invita a dialogar y no a discutir o querer imponer nuestra opinión. Escuchamos más y hablamos menos. Se desarrolla la empatía y no nos frustramos si hay opiniones contrarias a las nuestras, porque entendemos que todos tenemos derecho a tener nuestro propio punto de vista.

Y estas ventajas no sólo influyen en las amistades o con los hijos, sino que también se ha comprobado que las parejas compuestas por personas humildes resuelven mejor los conflictos, se perdonan con más facilidad y se siente más satisfechas.

✓ Fortalece nuestra autoestima

La humildad nos conduce a la aceptación de nuestros defectos, debilidades y limitaciones. Pero al mismo tiempo somos conscientes de todas nuestras virtudes y fortalezas. Tener esta visión completa de uno mismo, robustece nuestro autoconcepto y de esta forma, nos valoramos correctamente a nosotros mismos y a los demás. Desaparece el temor a sentirnos torpes cuando nos equivocamos encarando los retos con determinación y optimismo.

✓ Crecemos y mejoramos

Está muy extendido el mito de que la persona humilde es simple, básica y conformista pero ocurre todo lo contrario. Cuando trabajamos nuestra humildad adquirimos la capacidad de aprender de los errores, estamos abiertos a nuevas ideas y sin duda, evolucionamos y crecemos enormemente a nivel personal.

Algo tan sencillo, pero a veces tan complicado, como es reconocer que no sabes de algo o que has metido la pata nos ayuda a normalizar nuestra imperfección y a sentirnos a gusto con ella. Y desde esa paz interior, abrir la mente y evolucionar.

✓ Somos más flexibles

Aunque el ser humano a veces es muy rígido en sus creencias y opiniones, la actitud humilde nos impulsa a lo contrario. Dejamos a un lado la soberbia y la vanidad y nos abrimos a nuevas ideas, aunque eso no significa que tengamos que abandonar las nuestras. Simplemente somos más libres al desarrollar un pensamiento crítico.

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