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Cuida y mima tus relaciones

“Recorre muchas veces la senda que lleva a la casa de tu amigo para que no la borren las malas hierbas”.

Proverbio


“Un humilde amigo en la aldea vale más que dieciséis hermanos en la corte”. Proverbio chino



Lo que dicen las investigaciones:
Investigaciones han demostrado que las relaciones cercanas son uno de los factores más importantes para la felicidad. Según David Niven, las personas que tienen un círculo de apoyo social tienen cuatro veces más posibilidades de sentirse bien consigo mismas.
El número de amigos, la cercanía con ellos, la cercanía con la familia y las relaciones con los compañeros de trabajo y vecinos explican aproximadamente el 70% de la felicidad personal.
Según otro estudio, aquellas mujeres insatisfechas con sus vidas que tuvieron la oportunidad de compartir sus preocupaciones con otras mujeres que se encontraban en la misma situación, redujeron en un 50% su malestar Otro grupo de mujeres en la misma situación que no tuvo oportunidad de compartir no mostró ninguna mejoría.

La relación con otras personas es una de las mayores fuentes de satisfacción del ser humano. Somos seres sociables y, como tales, necesitamos la presencia de los demás, la interacción con el otro, su conversación, su apoyo y su afecto. Las relaciones personales no lo son todo, pero nuestro bienestar depende en gran medida de hasta qué punto consigamos hacer de ellas una fuente de emociones positivas. Para ello, no es suficiente con ser capaz de establecer vínculos, sino que hay valorarlos y saber cómo mantenerlos. La amistad, el amor e incluso los lazos familiares necesitan de nuestros constantes cuidados para sobrevivir, fortalecerse y discurrir en armonía.

 

A lo largo de este libro hemos hablado en varias ocasiones de cómo los demás no pueden solucionar nuestros problemas ni tienen la culpa de nuestras frustraciones. Cada persona es responsable de su propia vida y tiene en su mano las herramientas necesarias para aprender a disfrutarla si de verdad se lo propone. Pero ahora queremos ir un poco más allá para mostrarte algunas claves que te ayudarán a mejorar tus relaciones. No obstante, nunca está de más recordar algunos principios elementales.


Recuerda:
– Nadie puede satisfacer tus necesidades ni llenar tu vida. Sólo tú puedes hacerlo.
– Hagas lo que hagas, casi siempre habrá alguien importante para ti que no esté de acuerdo contigo.
– Aunque sea doloroso, el rechazo no es mortal e incluso puede ayudarte a crecer como persona y a reafirmarte en tus planes y convicciones.
– Acepta a los demás como son. No siempre actúan como a ti te gustaría porque no todos vemos las cosas del mismo modo.
– Los demás tienen tanto derecho como tú a equivocarse.
– Acepta a los demás como son. No siempre pueden darte lo que pides. En lugar de recriminárselo, pregúntate si tú mismo puedes proporcionarte alguna de las cosas que pides a los demás.
– Los demás te tratarán como tú te trates. No dejes que abusen de ti. Cuida tus necesidades y derechos a la vez que respetas los de los demás.

Cuando se asumen estas nociones, las relaciones personales pueden llegar a ser realmente satisfactorias y gratificantes. Los buenos momentos parecen mejores cuando podemos compartirlos con alguien a quien queremos y por quien nos sentimos queridos. Por el contrario, por mucho que trabajemos para ser más felices, poco conseguiremos si nuestra interacción con otros seres humanos funciona mal. Algunas personas tienden a ver siempre el lado negativo de los demás, carecen de habilidades de comunicación, no saben cómo hacer críticas constructivas y tienen serias dificultades para ser amables y positivas con sus semejantes.

“Cuando el camino me cansa, amigo mío, ya no te pido que me hables, sino que me des la mano”.
R. Tagore

Un punto de partida: descubrir el lado bueno de las personas

 

"Si tratas a una persona según lo que parece, la haces peor de lo que es.

Pero si la tratas como si ya fuera lo que tiene capacidad de ser, la haces lo que debería ser”.

Goethe

 

Uno de los hábitos que impiden al ser humano disfrutar de la vida es centrarse permanentemente en el lado negativo de los demás, esperar siempre lo peor de ellos y magnificar sus defectos, sus errores y sus desgracias. La gente insegura o con problemas de autoestima, quienes no están satisfechos consigo mismos y con su realidad, necesitan hundir a otras personas para encontrar consuelo y resaltar su propio brillo.


Todas las cosas y todas las personas tienen su parte oscura, es cierto, pero dedicar toda nuestra energía a descubrirla   nos lleva a encontrar puntos negros donde sólo hay humanidad. El ser humano no es perfecto, todos tenemos nuestras miserias. Si lo que buscamos en la vida y en los demás es oscuridad, obtendremos oscuridad.

La única manera de tener un amigo es ser un amigo”.
R. W. Emerson

Sin embargo, si cambiamos de perspectiva podemos encontrarnos con uno de los mayores placeres a nuestro alcance: disfrutar del lado bueno de los demás. No somos perfectos, pero todos tenemos un lado bueno, siempre. Si centramos nuestra atención en la parte bonita y gozosa de la vida y de los seres que nos rodean, notaremos cómo desaparece buena parte de la oscuridad. Si nos empeñamos en encontrar lo mejor, todo será mejor.

 

Si no te lo crees, haz la prueba poniendo en práctica las estrategias que te explicamos a continuación. Verás cómo dan resultado y empiezas a ver a las personas que te rodean desde otra perspectiva:

 

1. Toma conciencia de los pensamientos negativos que tienes acerca de otras personas. Sustitúyelos por otros más realistas y positivos. Aprende a reconocer la naturaleza sabia, pacífica y amorosa de cada ser humano. No te dejes llevar por tus prejuicios y la primera impresión que te produzca una persona a simple vista, atrévete a profundizar. Si te cuesta ver a los demás con buenos ojos, puedes practicar por la calle, en el supermercado, en un restaurante, donde quieras, hasta que consigas sentir que cada persona es un ser valioso. No necesitas hablar con los desconocidos que te vayas encontrando, es suficiente con que consigas que tu corazón realmente los contemple como seres dignos de amor y compasión.

 

Practicar este ejercicio diariamente, sobre todo si vives en una gran ciudad, te ayudará a mantener la tranquilidad, la paz interior y la cordura en medio del ajetreo y la crispación. También te hará ver con ojos más generosos los aspectos más tristes del entorno urbano: los sin techo, los alcohólicos, los mendigos, etc. Esta consideración amorosa y positiva de la gente que te rodea conseguirá que sientas de forma más cercana a personas extrañas o muy distintas a ti.


A mediados de julio de 2006 el pesquero español Francisco y Catalina recogió a 48 emigrantes subsaharianos que habían naufragado en aguas próximas a la  mediterránea isla de Malta. Ante la negativa de los países próximos a hacerse cargo de ellos, la tripulación del pesquero los mantuvo a bordo más de una semana hasta que se solucionó esta situación tan triste. Más tarde, el patrón del barco declararía que, si bien en un principio había recogido a esas 48 personas por motivos estrictamente humanitarios, el periplo que habían vivido juntos había cambiado algo dentro de él, había conseguido que comprendiese de verdad el drama que hay detrás de la emigración ilegal.

Atrévete a explorar tus reacciones, especialmente el rechazo, el miedo y la crítica ante lo que percibes como diferente. Anímate a trabajar para descubrir que debajo de la apariencia de cada persona existe un ser humano lleno de posibilidades y  deseoso de amor y comprensión.

 

2. Acostúmbrate a mirar a tus seres queridos con una lente que resalte sus virtudes en lugar de pasarte la vida analizando sus defectos en el microscopio. Haz una lista con las cosas buenas de las personas que te importan, y házselo saber. A ellas les encantará conocerlas y tú podrás disfrutar del gran placer de ofrecerles un inesperado regalo cargado de amor. Además, ocúpate de memorizar sus virtudes y repítelas para ti mismo hasta que las interiorices, hasta que compruebes que alcanzan más peso en tu mente que los defectos que te empeñabas en resaltar.

 

En lugar de censurar a las personas que aprecias cuando actúan de forma que no apruebas, trata de ponerte en su lugar para entender por qué se han comportado así, sin olvidar en ningún momento que son humanas y tienen derecho a cometer sus propios errores. Piensa que probablemente sienten miedo e inseguridad y que esa es la verdadera razón de que te hagan daño en ocasiones. Los seres humanos se comportan como pueden dependiendo de las experiencias vitales por las que han atravesado, de las circunstancias que les rodean y de sus recursos personales. No veas siempre mala intención en el comportamiento de los demás. Tal vez no supieron hacerlo de otro modo.


“Amigos son aquellos  extraños seres que nos preguntan cómo estamos y esperan a escuchar la respuesta”.
Cunninghan


Cuidados constantes

 

Las relaciones personales no sólo se deterioran debido a los conflictos y los malentendidos, sino que también pueden sucumbir si no les prestamos el cuidado necesario, si escatimamos el afecto, los detalles y la amabilidad. Sentir aprecio por una persona no es suficiente, hay que saber demostrarlo a través de la calidad de nuestras atenciones y de la cantidad de muestras de cariño que ofrecemos, que ha de ser constante. Sirven más pequeños detalles a diario que grandes demostraciones muy de vez en cuando.

 

Todos disponemos de determinados recursos para canalizar el afecto que sentimos por otras personas en función de nuestra personalidad, nuestros talentos y nuestras costumbres. Algunas personas son muy cariñosas y otras más secas, unas más detallistas y otras más despistadas. Es probable que tú hayas encontrado tu forma de demostrar aprecio por tus seres queridos. Sin embargo, nunca está de más aprender pautas de comportamiento que funcionan en todos los casos. A continuación, explicaremos algunas de ellas, que pueden servirte para mejorar tu relación con los demás:

 

1. Elogia y expresa reconocimiento. En ocasiones, nos resistimos a elogiar a los demás porque confundimos el elogio con la adulación, pero no son la misma cosa. El elogio es sincero, de corazón. Expresa admiración sin segundas intenciones. La adulación, por el contrario, es falsa porque tiene un objetivo discutible: obtener algo a cambio.


Practicar el elogio es una buena costumbre. Aprende a ser buen observador de las cosas que te gustan de los demás y no te las calles. Decirlas abiertamente es proporcionar un momento de alegría a alguien a quien aprecias, y es un claro indicador de reconocimiento. Cultiva diariamente este magnífico hábito, no te arrepentirás.

 

Además, reconocer los comportamientos  positivos o que, simplemente, te agradan de los demás es un poderoso recurso para animarlos a que los repitan. No aceptes esta afirmación si no te la crees, te servirá de más comprobarla por ti mismo. Ponla a prueba con tus seres queridos, tus compañeros de trabajo, las personas que te atienden cuando vas a comprar cualquier cosa, etc. Verás el efecto que tiene. Una vez lo hayas comprobado, esfuérzate por adquirir la costumbre de practicar el elogio y verás como tu reconocimiento contribuye mejorar tus relaciones y a que la gente repita sus comportamientos positivos.


El pescador, la serpiente y la rana
Érase una vez un pescador que estaba tranquilamente en su barca cuando de pronto vio que del agua salía una serpiente que llevaba en la boca una rana que acababa de cazar.
El pescador sintió piedad de la rana y, sujetando a la serpiente, se la quitó de la boca y la dejo ir en libertad. Al ver que la serpiente se quedaba sin su comida, también le dio pena, y como no tenía otra cosa que darle echó en su boca unas cuantas gotas de aguardiente que llevaba. La serpiente se fue muy satisfecha. También el pescador se sintió muy bien por su buena acción.
Pasado un rato, el pescador oyó unos golpecitos a sus espaldas, en el costado de la barca. Se volvió para mirar qué pasaba, y cuál no sería su sorpresa al comprobar que quien había aparecido era la misma serpiente, pero con dos ranas en la boca. El pescador cogió de nuevo a la serpiente y repitió la misma operación de la vez anterior, no sin antes advertirle que no estaba bien cazar ranas, echándole una buena reprimenda.
A la vista del pescador asombrado, se siguió repitiendo el espectáculo de la serpiente con las ranas en la boca. El pescador reiteraba su acción liberadora con las ranas, las reprimendas a la serpiente y las gotitas de aguardiente en su boca, pero no entendía cómo la serpiente persistía en su empeño.
Hablando un día del asunto con otro pescador, este le hizo una pregunta que le desvelo el secreto del trajín de la serpiente:
– “¿Y no será que le gusta que estés pendiente de ella, que le gusta el aguardiente y que para ella ambas cosas son buenos premios a su pericia para cazar ranas?”.
Miguel Costa y Ernesto López, “El uso de metáforas en psicología clínica. Técnicas de modificación de conducta”, edición de Francisco Labrador

2. Demuestra un interés sincero y constante por los demás. Escucha sus problemas y ocúpate de saber cómo evolucionan. Si un amigo te cuenta que va a ir al medico, tiene un examen o solicita una entrevista de trabajo, llámalo para interesarte, para saber cómo le ha ido. Llama a tus familiares y amigos en su cumpleaños, pregúntales con frecuencia por sus hijos, por sus padres, por todo aquel que sea importante para ellos. No seas ahorrativo con los pequeños detalles: no requieren mucho esfuerzo, siempre son bien recibidos y tienen el poder de demostrar a los demás que son importantes para ti.

 

3. Sé amable con la gente que te rodea, no sólo con tus seres queridos. Es más fácil que te den algo si lo pides por favor y que se alegren de habértelo dado si después das las gracias. Da los buenos días, las buenas tardes y las buenas noches. Pide perdón, pregunta ‘¿qué tal estás?’. No tengas miedo de mostrarte atento porque a nadie le molesta una persona muy amable. Lo que resulta molesto es la falta de amabilidad. Si eres amable, te tratarán mejor… y tú te sentirás mejor persona.

Lo que dicen las investigaciones:
Algunos investigadores han descubierto que tener una actitud amable con las personas que están a nuestro alrededor es uno de los indicadores más importantes de satisfacción respecto a la vida, y que sin esas actitudes tenemos muchas menos posibilidades de ser felices.

4. No olvides llamar al día siguiente a tus amigos siempre que te inviten a una fiesta, una cena, una comida o cualquier otro encuentro en el que ejerzan de anfitriones. Acostúmbrate a tener por norma dar las gracias y expresar lo mucho que disfrutas en cada evento. Este tipo de celebraciones siempre suponen un esfuerzo para quien las organiza. Un esfuerzo que se ve recompensado con las muestras de agradecimiento.

 

5. Llama por teléfono a dos amigos distintos cada semana y dedica un rato a charlar con ellos. No permitas que las prisas, las preocupaciones y la falta de tiempo te hagan descuidar a las personas que quieres.

 

6. Queda con al menos dos amigos cada semana. Además de disfrutar de la compañía de personas que te agradan, estarás practicando actividades placenteras, que son el mejor antidepresivo. Sé imaginativo, no tengas miedo de proponer planes poco habituales: visitar un spa en lugar de ir a cenar, hacer un picnic en un parque en lugar de quedar para comer o ir a dar un paseo en vez quedar para tomar algo, etc. Los encuentros con los amigos también pueden caer en la rutina. Si consigues variar, al menos de vez en cuando, os divertiréis más juntos y tendréis más ganas de veros con frecuencia.

 

7. No te molestes si siempre eres tú quien toma la iniciativa, el que llama por teléfono y propone actividades. Si te interesa la amistad de una persona y disfrutas de su compañía, no te tortures pensando que solo tú tienes detalles, a no ser que resulte muy evidente su falta de interés. Te aporta más satisfacciones y te hace más feliz tomar siempre la iniciativa que sentarte a esperar, interpretar negativamente las mil razones que puedan existir para que no te llame y ver cómo crece tu rencor.

 

8. Sonríe más. Aunque al principio te sientas falso y artificial y no tengas ningunas ganas de hacerlo, intenta empezar el día sonriendo. Muestra tu sonrisa más a menudo y comprueba el efecto que tiene en los demás y, lo que es más importante, en ti mismo. Nuestro comportamiento es una varita mágica que puede cambiar nuestras emociones. Sonríe por fuera y terminarás sonriendo por dentro. Además, no olvides que la gente que sonríe resulta más atractiva.

Lo que dicen las investigaciones:
En un estudio realizado con adultos de distintas edades, se demostró que estos tienen la tendencia a imitar las expresiones de las personas de su alrededor. En otras palabras: las caras tristes producen más caras tristes y las caras sonrientes producen más sonrisas y más felicidad.
Se denomina neuronas espejo a una cierta clase de neuronas que se activan cuando un animal o persona desarrolla la misma actividad que está observando ejecutar a otro individuo, especialmente un congénere.
Las neuronas del individuo imitan como "reflejando" la acción de otro: así, el observador está él mismo realizando la acción del observado, de ahí su nombre de "espejo". Tales neuronas habían sido observadas primeramente en primates, y luego se encontraron en humanos y algunas aves. En el ser humano se las encuentra en el área de Broca y en la corteza parietal.
En las neurociencias se supone que estas neuronas desempeñan un importante rol dentro de las capacidades cognitivas ligadas a la vida social, tales como la empatía (capacidad de ponerse en el lugar de otro) y la imitación. De aquí que algunos científicos consideren que la neurona espejo es uno de los más importantes descubrimientos de las neurociencias en la última década.

El mero hecho de sonreír, aunque la sonrisa sea forzada, es un poderoso instrumento para mejorar el estado de ánimo. En una investigación citada por el Dr. Baker, se pidió a la mitad de los participantes que sostuvieran un lápiz entre los dientes, lo que produce una mueca parecida a una sonrisa. A la otra mitad se les pidió que sujetaran un lápiz con los labios, lo que hacía que su gesto fuese parecido a “poner morros”. Seguidamente, se contaron algunos chistes a ambos grupos. El grupo que sostenía el lápiz entre los dientes encontró los chistes más divertidos. Curioso, ¿verdad? Desde entonces el Dr. Baker recomienda llevar un lápiz entre los dientes para conseguir la felicidad… Evidentemente, las cosas no son tan sencillas, pero es cierto que la sonrisa puede ayudarte a combatir el tedio y los problemas, además de hacer posible que te rías de ti mismo y con los demás.


La sonrisa

Una sonrisa no cuesta nada y produce mucho.

Enriquece a quien la recibe

sin empobrecer a quien la da.

Dura tan sólo un instante,

pero su recuerdo es a veces eterno.


Nadie es demasiado rico

o demasiado poderoso

para poder prescindir de ella.

Ni nadie es demasiado pobre

para no merecerla.

 

Una sonrisa da felicidad en el hogar,

Apoyo en el trabajo y es el símbolo de la amistad.

Una sonrisa da reposo al cansado

y anima a los más deprimidos,

reconforta a los desanimados

y es el mejor antídoto contra los problemas.

 

No puede comprarse, prestarse, ni robarse,

pues es algo que no tiene ningún valor

hasta el momento en que se da.

 

Y si alguna vez tropiezas con alguien

que esté demasiado cansado para dar una sonrisa,

sé generoso y dale la tuya.

Porque nadie tiene tanta necesidad de una sonrisa

como el que no se la puede dar a los demás.

 

Anónimo, tomado de Enric Castellví


9. Escucha, presta atención. El regalo más valioso que podemos ofrecer a otro ser humano es escucharle. Cuando escuchas atentamente a otra persona consigues que sienta que en ese preciso momento es lo más importante para ti. Escuchar es terapéutico: algunas personas solo necesitan que las escuchen para librarse de buena parte de su malestar.

 

Todos tendemos a pensar que la habilidad de comunicación más importante es saber iniciar y mantener una conversación interesante. Estamos tan preocupados por lo que vamos a decir que nos olvidamos de escuchar, cuando, en realidad, un buen conversador es aquel que sabe escuchar a su interlocutor.

 

10. Comparte intereses y estrecha tus relaciones con tus familiares y seres queridos para mantener una excelente relación con las personas que más te importan.. Las relaciones más duraderas, fructíferas y satisfactorias son aquellas en las que, además de afecto, existen aficiones e intereses comunes que se ponen en práctica de forma habitual.

 

Cuando realizas actividades placenteras produces endorfinas, que son  unas sustancias que libera tu propio organismo y estimulan los centros cerebrales que regulan el placer produciendo bienestar. Cuando las actividades son compartidas, asocias el bienestar a la compañía de esas personas y  se fortalecen los lazos de unión con ellas. Viaja con tus hijos adolescentes o adultos y descubrirás un tipo de relación y de comunicación diferente con ellos. Ten en cuenta también que realizar actividades de ocio con tu pareja constituye un magnífico lubricante y un estupendo abono para vuestra relación.

 

Lo que  dicen las investigaciones:
Compartir intereses aumenta la posibilidad de que una relación sea duradera y también tiene como consecuencia una mayor satisfacción con la vida.
Numerosas investigaciones compararon la importancia de la familia para las personas de la tercera edad en relación con los adultos que todavía no han entrado en la edad madura. Para ambos grupos de población, las relaciones familiares resultaron ser un componente importantísimo para sentirse satisfecho con la vida.
Las personas que sienten que pueden comunicar libremente a su pareja sus preocupaciones y necesidades tienen un 40% más de posibilidades de sentirse satisfechas que aquellas que no.

11. Únete a un grupo. Una forma de conseguir un buen circulo de amigos es participar en un grupo formado por personas que tengan un enfoque vital parecido al tuyo. Si te gusta salir al campo y pasear por la naturaleza, únete a un grupo de senderismo. Si te gusta la fotografía, haz un curso para mejorar, disfrutar y, de paso, conocer gente. Si  te gusta la literatura, organiza con regularidad una tertulia literaria que te permita un intercambio de información útil y una conversación enriquecedora, que fructificarán en lazos de amistad. Si te gusta cantar, únete a un coro: mejorarás tu voz y te encontrarás con nuevos amigos y disfrutarás de un montón de actividades gratificantes cada vez que vayáis a cantar a algún sitio. Las organizaciones de la vida comunitaria (asociaciones de madres y padres del colegio de tus hijos, entidades de trabajo voluntario, parroquias) también son importantes redes de apoyo social.

 

Hoy en día, la gente utiliza Internet como vehículo para conocer a gente nueva. Aunque no pretendemos descalificar esta nueva forma de conocer gente, que ha aportado una perspectiva distinta y ha ampliado el abanico de posibilidades de las relaciones interpersonales, nos gustaría transmitirte que entrar a formar parte de un grupo de carne y hueso, con el que compartir actividades que te interesan, te ayudará a establecer amistades reales y profundas, a encontrar apoyo, ayuda, solidaridad y compañía. Aprovecha el mundo que Internet pone a tu alcance.  Conocemos muchas personas que han encontrado en Internet una red solidaria, que les ofrece apoyo, compartir información, les ayuda a conocer muchos puntos de vista e incluso contribuye a que las personas se sientan parte de ese todo que es la humanidad… . pero no pierdas de vista que la amistad “tradicional” siempre será enormemente gratificante y posee importantes características, como el calor humano y la convivencia, que la hacen insustituible.  

Lo que dicen las investigaciones: 
Ser miembro de un grupo consigue que la gente se sienta más conectada con los otros, y aumenta la confianza en uno mismo, la satisfacción con la vida y con los demás. Participar en actividades de la vida comunitaria también puede aumentar la felicidad.

 

12. No critiques. Criticar al prójimo cuando no está presente es un deporte nacional que te aconsejamos abandones por completo. No te aporta nada y es perjudicial, tanto para ti como para los demás. Para ti porque no te permite dar una buena imagen y, en consecuencia, dificulta tus relaciones interpersonales. Además, cuando te centras en los peores aspectos de los demás, sean cierto o no, experimentas emociones negativas que te distancian de ellos. Y perjudicas a los demás, no lo dudes. Criticar por criticar, sin valorar las consecuencias, es como desparramar un frasco de cenizas en el desierto y después tratar de recogerlas, o como vaciar un saco de plumas e intentar volver a llenarlo sin dejar ninguna fuera. Es decir, cuando haces de la crítica un hábito desencadenas un proceso difícil de controlar y, aunque no lo notes en el momento, nada vuelve a ser lo mismo porque has sembrado el veneno. Por ejemplo, en la película “La duda”, de John Patrick Shanley, está muy bien reflejado el efecto devastador de la crítica y la difamación. Cuando lanzas una crítica, nunca sabes hasta dónde van a llegar sus efectos. Puede no tener consecuencias graves, pero también es posible que hagas mucho más daño del que imaginas.

 

Si necesitas hablar de la vida de los demás y resaltar todas sus miserias reales o ficticias, es porque quizás la tuya no sea lo suficientemente rica. Cambia de táctica, apasiónate y enriquece tu vida, involúcrate en un gran proyecto y no te quedará tiempo para juzgar y comentar la vida de los demás.

 

El cuento de las tres puertas
Un joven discípulo le contó a su maestro: “Maestro, un buen amigo tuyo estuvo hablando mal de ti la otra noche”. 
“Espera un  momento –lo interrumpió el sabio–, ¿has hecho pasar por las tres puertas lo que vas a contarme?”.
“¿Qué tres puertas?”, preguntó el discípulo.
“La primera es la verdad –contestó el maestro–. ¿Estás completamente seguro de que lo que dices es cierto?”.
“No, escuche cómo otros lo comentaban”, respondió el discípulo.
“Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda puerta, la de la bondad. ¿Lo que quieres decirme es bueno para alguien?”, continuó el maestro.
“No, todo lo contrario”, reconoció el discípulo.
“Y la última puerta es la de la necesidad. ¿Es necesario que yo sepa lo que vas a contarme?”, preguntó el maestro.
“No, no lo es”, admitió el discípulo.
“Entonces –dijo el maestro sonriendo–, si no es verdadero, ni bueno, ni necesario, mejor será olvidarlo para siempre”.

13. Aprende a pedir cambios al otro de forma constructiva. Si te ha perjudicado un determinado comportamiento de otra persona y deseas que en el futuro sea más considerado contigo, ¡házselo saber¡, pero no la critiques a sus espaldas. Ser capaz de hacer una crítica de forma adecuada ofrece a los demás una buena oportunidad para el cambio y el aprendizaje. En definitiva, una crítica es una petición de cambio de conducta, pero para que esta petición sea constructiva y respetuosa, es necesario disponer de ciertas habilidades que permitan invitar a los demás a que modifiquen algunas de sus actitudes o comportamientos sin violentarlos ni hacerlos sufrir innecesariamente. Mientras la crítica destructiva se centra en los fallos y errores de los demás, la crítica constructiva transmite información útil porque pone el énfasis en las posibilidades de mejorar.


Lo que dicen las investigaciones:
Tanto la agresión como estancarse en los desacuerdos reduce la satisfacción en las relaciones interpersonales.

¿Cómo te trata la gente?
Esta metáfora sirve para ilustrar nuestra responsabilidad y la influencia de nuestro comportamiento en el clima de nuestras relaciones interpersonales. No se trata de cambiar la gente, sino de cambiar nuestra forma de relacionarnos con ella. Si tratamos mal a la gente, la gente nos tratará mal. Si sabemos resaltar sus aspectos positivos y somos amables y atentos, recibiremos el mismo trato. Las relaciones interpersonales son recíprocas e interdependientes, lo que recibimos es un fiel reflejo de lo que damos.
Érase una vez un viajero que llegó a la entrada de un pueblo, en el que pensaba pasar el resto de sus días, después de haber recorrido un largo y difícil camino. Preocupado sobre cómo serían los habitantes del lugar, preguntó a un sabio anciano que descansaba tranquilamente bajo la sombra de un frondoso cedro:
– “¿Como es la gente de aquí? –dijo antes de saludar–. Donde yo vivía antes las habitantes eran muy complicados, muy desagradables y muy hostiles”.
El anciano, sin mirarle, respondió:
– “Aquí la gente es igual”.
El viajero siguió su camino.
Poco tiempo después, llegó otro viajero con el mismo propósito y acercándose al anciano le dijo:
– "Buenas tardes, señor. Perdone la molestia, pero vengo a vivir a este pueblo y me gustaría saber cómo es la gente de aquí. Donde yo vivía antes las personas eran amables, cariñosas, generosas y sencillas”.
El sabio anciano levanto la cabeza y sonriéndole contestó:
– “Aquí la gente es igual”.
Un hombre que había escuchando ambas conversaciones preguntó al viejo:
– “¿Cómo es posible que de usted dos respuestas tan distintas a la misma pregunta?
– “En vez de preguntarte cómo te tratan los demás, mejor pregúntate cómo los tratas tú a ellos –contestó el anciano– . A la larga las personas se terminan comportando contigo como tú te comportas con ellas.
Miguel Costa y Ernesto López, “El uso de metáforas en psicología clínica. Técnicas de modificación de conducta”, edición de Francisco Labrador

No te pierdas el próximo artículo donde trateremos el tema de como pedir a los demás cambios en su comportamiento de forma amable y constructiva.


Si te interesa leer el libro completo lo puedes encontrar en el siguiente link. Advertimos que la publicación puede no reflejar todos los nuevos descubrimientos de la ciencia ya que esta avanza muy rápido, pero las nuevas nociones os irán apareciendo en la página.















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