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EL PODER DE TU ATENCIÓN

Este es el segundo artículo de la colección: ESCUELA DE FAMILIAS. Una serie de artículos en los que damos pautas y recursos para hacer frente a los problemas cotidianos en la educación. 

¿Alguna vez te has preguntado el papel que tiene tu atención en el comportamiento de tu hijo? Aunque es algo en lo que no siempre reparamos, la atención es un potente refuerzo para que una conducta se mantenga o aumente. Por ejemplo: si en una reunión estás contando una historia y las personas allí reunidas te prestan atención, es probable que sigas hablando y que incluso lo hagas con entusiasmo. Si por el contrario comienzas a hablar y observas que nadie te hace caso, posiblemente zanjes la conversación aunque no hayas terminado de exponer tu idea. A tu hijo le pasa exactamente igual. Si tras un comportamiento recibe atención, lo seguirá haciendo o lo repetirá en el futuro. En ocasiones, y sin darnos cuenta, somos nosotros los que por medio de nuestra atención podemos mantener comportamientos poco deseables.






Un método para reducir las conductas negativas de tu hijo es precisamente la retirada de tu atención. Quizás te resulte drástico o incluso negligente pero no te precipites. Termina de leer este artículo y luego decide si incluyes esta técnica en tu caja de herramientas educativas o no.

Los niños saben muy bien llamar nuestra atención para conseguir lo que quieren. No obstante, no tiene nada que ver un niño que llora porque le pasa algo que un niño que llora o monta una rabieta porque quiere salirse con la suya. Por ejemplo, no es lo mismo un niño que llora intensamente porque se siente incómodo, ansioso o porque tiene calor que otro que lo hace porque quiere tomar un helado y los padres no lo consideran oportuno en ese momento.


Se ha comprobado que retirar la atención de los comportamientos poco deseables es un método muy eficaz para reducir la probabilidad de que aparezcan de nuevo. Si analizas cómo reaccionas cuando tu hijo se porta mal, seguro que en más de una ocasión has optado por no prestarle atención y dejar que se le pase la rabieta, deje de insistir o de quejarse. Es algo que sale de forma natural, sobre todo cuando nos sentimos agotados o desesperados.



Para que la retirada de atención sea eficaz y constructiva a largo plazo, debes tener en cuenta una serie de directrices:


  • La retirada de atención es una técnica muy útil pero debe hacerse en un entorno de comunicación, conexión y afecto. El diálogo debe estar siempre presente y también dejar claras las normas desde el principio. Esta técnica no debe aplicarse de forma aislada sino como una estrategia más dentro de nuestro plan educativo. 


  • Analizar con detalle el comportamiento es esencial. Si tu hijo se porta mal en algunas situaciones o lugares mientras que en otros no, quiere decir que es probable que el contexto esté influyendo. Por ejemplo: Fernando en el comedor del colegio come todo lo que le sirven y no necesita ayuda. Sin embargo, en casa se queja mucho, hay alimentos que no quiere comer e incluso hay que darle de comer porque no quiere hacerlo solo. Hasta ese momento los padres de Fernando, para tener la fiesta en paz, si no quería comer algo se lo cambiaban por otro alimento o si le daba pereza comer solo, le acababan dando la comida. En este caso habrá que introducir cambios a la hora de gestionar el momento de las comidas en casa. Una de las formas de hacerlo podría ser no prestar atención a las quejas por el tipo de comida por ejemplo.


  • Preparar el entorno y explicar lo que esperas de ellos es de gran utilidad. El contexto y los antecedentes influyen mucho en el comportamiento humano. Siguiendo el ejemplo anterior: Los padres de Fernando han elaborado un menú semanal para que se vaya mentalizando de lo que hay para cenar y también le han hecho partícipe en la elaboración de la comida. Por otro lado, no olvides el poder de los incentivos. En el caso de Fernando sus padres le han propuesto que si durante la semana ha cenado bien, sin quejarse y de forma autónoma, puede elegir el plato que quiera para la comida del domingo.

Ana tiene 5 hijos de entre 9 y 4 años. Ir a la compra con todos ellos era todo un reto. Al principio formaban un gran alboroto, se peleaban, lloraban, atraían la atención de todos los clientes que compasivos animaban a Ana a darles los caprichos que pedían.
Ana  diseñó una estrategia  con el objetivo de que no montarán rabietas ni pataletas e incluso que le ayudaran. Acordó con ellos que si cumplían lo establecido podrían elegir, dentro de lo que estaba previsto comprar, algunas cosas a su gusto (incentivo).
Al que era el más revoltoso, le dio la responsabilidad de estar con el carrito en la cola (era un supermercado que tenía una gran cola para pagar), y a los otros les daba una cestita en la que iba echando los productos y ellos iban encantados con su tesoro a llevárselo al hermano que esperaba en la cola con el carro grande. Ana no volvió a tener grandes problemas en el supermercado cuando iba con todos sus hijos.
Preparar bien los antecedentes con una buena estrategias y la asignación de responsabilidades y por otro lado los incentivos, consiguieron que el mal comportamiento desapareciera.

  • Es muy importante seleccionar a qué comportamientos se les puede dejar de prestar atención y a cuáles no. Tienes que preguntarte: ¿es peligroso ignorar esa conducta?, ¿qué es lo peor que puede pasar?, ¿puedo resistir la tentación de intervenir?


  • Por otro lado, debes saber que esta técnica funciona mejor cuando son conductas a las que previamente se les ha prestado atención y esto ha provocado que aumenten. Por ejemplo: Todas las noches Luisa molesta a la hora de dormir (juguetea, no apaga la luz…) y esto genera un conflicto en casa. Sus padres han intentado de todo y cada vez es peor. En este caso, empezar a no prestar atención puede ser una buena estrategia porque probablemente la conducta está muy reforzada al haber recibido tanta atención con anterioridad.





  • No debes reaccionar al comportamiento de tu hijo de ninguna manera. No debes decir nada, ni mirar a tu hijo, cuida tu lenguaje no verbal, no le ridiculices, ni te rías, ni le imites. La retirada de atención no debe ser agresiva ni hostil, tu actitud debe ser respetuosa pero no consentidora. Debe parecer que no estás dándote cuenta de lo que está pasando y que estás centrado en otras cosas. Por ejemplo: Antonio siempre quiere comer más. Sus padres después de asegurarse de que ha comido una buena cantidad, le dicen que ya no hay más comida. Antonio se enfada y empieza a meterse la mano en la boca, a hacer muecas y ruidos de todo tipo. Sus padres deciden aplicar la retirada de atención y comienzan a hablar de los planes para el fin de semana “haciendo como si” no escucharan a Antonio. Si siempre que su hijo tiene ese comportamiento utilizan esta técnica, es probable que Antonio deje de comportarse de esa manera.


A veces sin darnos cuenta estamos reforzando conductas inadecuadas por la atención que le damos. Nuestros hijos buscan la atención por caminos raros y no siempre deseables. Debemos estar pendientes y diferenciar lo que son llamadas de atención de lo que son necesidades reales


Si tu hijo es pequeño (entre 0-3 años) puedes intentar distraerle al principio, pero no darle lo que consideras que no es conveniente en ese momento.

  • El comportamiento es probable que empeore antes de mejorar. Cuando tu hijo vea que no le prestas atención, incrementará su comportamiento negativo pero no debes cambiar tu estrategia. Cuando se dé cuenta de que no va a conseguir nada por ese camino, buscará otros más adecuados.





  • Esta estrategia siempre debe ir acompañada de prestar atención a los comportamientos positivos y elogiarle por ellos. Deben ir de la mano en todo momento. Podemos utilizar el refuerzo de una conducta alternativa y avisar al niño lo que esperamos de él.



Como puedes ver esta técnica no supone desentenderte de tu hijo sino de algunas conductas poco deseables que por su naturaleza pueden ser ignoradas. Es un método que permite que no te desgastes tanto al pasar por alto determinados comportamiento al mismo tiempo que refuerzas aquellos más positivos. Los niños pequeños, que aún no tienen estrategias de afrontamiento suficientes, nos echan pulsos  con frecuencia. Si los ganan les dejamos claro lo que tienen que hacer para conseguir lo que quieren.


Ahora que ya tienes toda la información, ¿qué opinas de esta técnica?








 

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