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¿Qué entendemos por vivir una vida con propósito?

Actualizado: feb 23



Este artículo es el primero de una serie que trata la vida con propósito. Nuestro objetivo es poder brindarte una guía en la que encuentres respuestas a las preguntas que te pueden surgir a la hora de educar a tus hijos en el valor del propósito, pautas y recursos prácticos en los que te puedes apoyar.


1. ¿Qué entendemos por una vida con propósito? (estás aquí)

2. ¿Por qué es importante educar a nuestros hijos en una vida con propósito?

3. ¿Cómo educar en una vida de propósito desde el ejemplo?

4. Vida con propósito: propuestas prácticas para niños menores de 6 años

5. Vida con propósito: propuestas prácticas para niños de 6 a 12 años

6. Vida con propósito: propuestas prácticas para adolescentes


Si te interesa puedes descargarte la Guía Completa o leer cada uno de los artículos.


¿Qué entendemos por vivir una vida con propósito?


¿Te has planteado alguna vez en qué consiste la felicidad? ¿Qué logros te ayudarían a sentirte más realizado? ¿Qué es lo que te hace feliz? ¿Tiene que ver con tu propósito en la vida?


La felicidad es una idea que abunda en nuestras conversaciones con amigos y conocidos. Aparece en prácticamente la mayoría los libros de autoayuda de los últimos años y en multitud de cursos. ¡La felicidad se ha instalado en nuestra vida como objetivo! Hablamos de la felicidad porque deseamos ser felices. Nos encantaría tener esa varita mágica, esa píldora maravillosa que hiciera que nuestra vida fuera simplemente feliz. Algunos incluso buscamos cursos, libros, atajos que nos lleven a conseguir la ansiada felicidad. Pero ¿hasta qué punto la felicidad es el objetivo último de nuestras vidas? Imagina que le hicieran una entrevista a Jesús. ¿Qué pensaría? ¿Nos diría que su objetivo fue ser feliz?

En estas primeras líneas de nuestra guía sobre el propósito vamos a analizar el concepto de la verdadera felicidad en función de las teorías psicológicas científicas. Incluso intentaremos explicarte que, a veces, cuando establecemos la felicidad como objetivo prioritario en nuestras vidas, tomamos un camino que puede ser equivocado.


Por eso creemos que vale la pena recapacitar unos minutos sobre nuestras ideas acerca del concepto de felicidad. ¿Te has planteado alguna vez dónde reside? ¿Es un estado transitorio o un estado de bienestar y satisfacción general con la vida? La respuesta es clara: La felicidad no es un destino, es una forma de viajar y está en tu mano proveerte de las alforjas para este viaje.


La psicología plantea diferentes dimensiones de ese estado que identificamos con la felicidad.


Aunque la felicidad siempre ha sido una aspiración humana, no es hasta hace pocas décadas que los psicólogos se han interesado en su estudio. El enfoque de la psicología positiva y las obras de algunos psicólogos como Martin E. P. Seligman han hecho que muchas investigaciones pongan su atención en lo que hacemos como seres humanos para sentirnos mejor. En este sentido, se distinguen al menos tres dimensiones o grados de felicidad: el placer, las gratificaciones y la búsqueda de sentido.



1. El placer


¿Has asociado alguna vez tu felicidad con algún placer inmediato o con conseguir algún bien material?


Todos, en algún momento, hemos pensado que seremos más felices cuando tengamos dinero, un buen coche o la casa de nuestros sueños… Y es cierto que, en ocasiones, la persecución de ciertos objetos materiales o placeres inmediatos nos puede conducir a sentirnos bien al principio, pero no siempre es así. Los objetos preciados casi nunca nos aportan una felicidad duradera y dejan nuestra felicidad en manos de circunstancias que muchas veces no dependen de nosotros.


Algunas personas son capaces de encontrar plenitud o felicidad en cosas muy sencillas de su día a día. El placer es la satisfacción inmediata de nuestras necesidades y deseos. Un paseo al aire libre, una taza de chocolate, una conversación interesante… pueden suponer fuentes de placer. Esta búsqueda de felicidad tiene que ver con las motivaciones biológicas más primarias de las personas: hambre, sed, sueño, sexo… así como con la búsqueda de emociones positivas como la diversión. Sin embargo, muchas teorías indican que la búsqueda de felicidad a través de estas fuentes es poco duradera, ya que, una vez que nos habituamos a ellas, su capacidad para proporcionarnos placer se reduce y dejan de proporcionarnos bienestar. Por eso, podemos encontrarnos tratando de disfrutar intensamente de los placeres de la vida y sintiéndonos al mismo tiempo vacíos e insatisfechos o buscando el placer en sitios equivocados, (alcohol, drogas…)


Nuestra sociedad se ha visto en los últimos años invadida por fórmulas rápidas y consumistas de obtención de placer: desde la comida rápida hasta el alivio rápido de nuestros dolores… todo en persecución de un bienestar breve y asociado a placeres externos. Sin embargo, como veíamos, la psicología ha demostrado que esta búsqueda incansable de placeres no nos lleva a ser más felices. ¡Incluso puede hacernos más desdichados! ¿Por qué? Porque si nos habituamos a ellos y nos hacemos dependientes, podemos llegar a convertirnos en compulsivos buscadores de nuevas fuentes de felicidad. Dependientes de éstas, corremos el riesgo de entrar en una espiral de insatisfacción.


Esta situación puede afectar a personas de cualquier edad, incluidos los niños.



2. Las gratificaciones y el compromiso con uno mismo


Parece que vivir sin metas ni compromisos pueden llevarnos a intentar llenar nuestra vida de placeres efímeros y hacer sin embargo que nos sintamos totalmente frustrados. Por todo lo anterior, algunas personas buscan ser felices cultivándose a sí mismos. Prefieren reducir la búsqueda constante de placeres cotidianos y dedicar algo más de esfuerzo a perseguir metas plenamente significativas en su vida. Así, pueden entrenarse físicamente a diario para obtener logros deportivos, estudiar durante varios meses para un examen importante, o practicar durante horas con un instrumento musical, jardinería, cocina…...


Cuando cultivamos actividades que nos gustan y tienen sentido para nosotros, encontramos la felicidad de la autorrealización. Cultivar nuestros talentos es altamente gratificante y puede llevarnos a disfrutar tanto que incluso perdamos la noción del tiempo. ¿Te ha sucedido disfrutar de una actividad o tarea que te apasiona durante horas? Este estado de absoluta implicación, ese “fluir” en términos del psicólogo Csíkszentmihályi, produce una enorme felicidad: Un “tipo de felicidad” que requiere cierto esfuerzo y perseverancia, pero que cuando se alcanza, modifica incluso nuestras ondas cerebrales, produciendo sensaciones de tranquilidad y gratificación.


Numerosos estudios indican que las personas que cultivan regularmente las actividades gratificantes que requieren compromiso y constancia pero que les hacen “fluir”, experimentan un compromiso con el momento presente que les hace más felices.




3. La búsqueda de sentido


Aunque parece que para ser felices puede ser suficiente con el compromiso con uno mismo y con el momento presente, numerosas investigaciones nos muestran cómo las personas pueden incluso ir algo más allá en la búsqueda de la felicidad. La tercera y última fuente de gratificación consiste en buscarle sentido a lo que hacemos cada día a través de la dedicación a los demás y la intención de obrar con un significado que trascienda a uno mismo: El compromiso con otras personas y con el mundo, permiten que podamos ser mucho más felices al tiempo de contribuir en construir un mundo mejor para todos. ¿Cómo? Encontrando cuál puede ser nuestra contribución para que este planeta sea un lugar mejor. Ser generoso, buscar la implicación en acciones altruistas, compartir nuestras habilidades y conocimientos… pueden ser las claves para encontrar un sentido a nuestra vida, un propósito.

El propósito tiene que ver con la actitud de desarrollar nuestros talentos para ponerlos al servicio de otros. Tiene que ver con la aplicación de nuestras cualidades y aptitudes a fines nobles y altruistas: hacer lo que mejor sabemos hacer, utilizando para ello todas nuestras habilidades y fortalezas. Trascender para volcarnos en los demás, para dar lo mejor de nosotros mismos y encontrar un sentido a nuestro esfuerzo y dedicación.


Sentirnos útiles y necesarios en nuestra comunidad es una forma de medir la calidad de nuestra vida y nuestro grado de satisfacción, ya que nos hace sentir que nuestra vida vale la pena.


¿Qué conclusión podemos obtener de todos estos descubrimientos de la psicología? Parece que existen numerosos y diferentes caminos para conseguir la felicidad y muchos de ellos no están reñidos entre sí. Pero estarás de acuerdo con nosotros en que la felicidad, proceda de donde proceda, depende mucho de la actitud con que nos asomemos al mundo, de las gafas que nos pongamos para observar nuestro alrededor y de cómo a afrontemos la vida, con sus dificultades y adversidades, así como con sus gozos y regalos.


Es posible que, llegados a este punto, estés reflexionando sobre tu propia vida y la de tu familia, e incluso te plantees cuestiones relacionadas con esta búsqueda de sentido. Es probable incluso que afloren en ti preguntas que nunca antes te habías planteado y de las que esperamos dar respuesta durante el desarrollo de esta guía.


Quizás te has preguntado cómo puedes llenar tu vida de sentido o dar más propósito a tu vida. Muchas personas encuentran el sentido de su vida cuando hallan una razón, motivación o vocación: transmitir lo que saben, ayudar a otros, cumplir una misión… Establecerse propósitos personales hace que nuestra vida tome un mayor sentido, una mayor trascendencia, y por lo tanto sea más dichosa.


¿Por qué es tan importante encontrar este propósito? Cuando encontramos un propósito, nuestras necesidades individuales propias trascienden para combinarse con las necesidades colectivas. Según los psicólogos actuales, sentir que nuestra vida tiene sentido nos hace más felices. Al parecer, tener una vida plena de significado y ser feliz son dos ideas que están inseparablemente entrelazadas. La consecución de estas metas y objetivos produce gran bienestar psicológico. Una vida con sentido nos hace sentir que somos útiles y que tenemos capacidad para tomar decisiones y dirigir nuestra vida. El propósito consolida nuestros valores y aumenta nuestra autoestima.


Si quieres leer más sobre la relación entre la felicidad y el propósito en la vida, te recomendamos la lectura del libro “Tú puedes aprender a ser feliz” de Carmen Serrat-Valera y Alexa Diéguez. Rescatamos, de su capítulo específico sobre el propósito, algunas preguntas inspiradoras y que invitan a la reflexión.



Si, además, quieres transmitir el valor del propósito a tu familia, te animamos a que continúes leyendo la guía completa.


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