¿Qué entendemos por vivir una vida con propósito?

Actualizado: sep 9



Este artículo es el primero de una serie que trata la vida con propósito. Nuestro objetivo es poder brindarte una guía en la que encuentres respuestas a las preguntas que te pueden surgir a la hora de educar a tus hijos en el valor del propósito, pautas y recursos prácticos en los que te puedes apoyar.


1. ¿Qué entendemos por una vida con propósito? (estás aquí)

2. ¿Por qué es importante educar a nuestros hijos en una vida con propósito?

3. ¿Cómo educar en una vida de propósito desde el ejemplo?

4. Vida con propósito: propuestas prácticas para niños menores de 6 años

5. Vida con propósito: propuestas prácticas para niños de 6 a 12 años

6. Vida con propósito: propuestas prácticas para adolescentes


Si te interesa puedes descargarte la Guía Completa o leer cada uno de los artículos.


¿Qué entendemos por vivir una vida con propósito?


¿Te has planteado alguna vez en qué consiste la felicidad? ¿Qué logros te ayudarían a sentirte más realizado? ¿Qué es lo que te hace feliz? ¿Tiene que ver con tu propósito en la vida?


La felicidad es una idea que abunda en nuestras conversaciones con amigos y conocidos. Aparece en prácticamente la mayoría los libros de autoayuda de los últimos años y en multitud de cursos. ¡La felicidad se ha instalado en nuestra vida como objetivo! Hablamos de la felicidad porque deseamos ser felices. Nos encantaría tener esa varita mágica, esa píldora maravillosa que hiciera que nuestra vida fuera simplemente feliz. Algunos incluso buscamos cursos, libros, atajos que nos lleven a conseguir la ansiada felicidad. Pero ¿hasta qué punto la felicidad es el objetivo último de nuestras vidas? Imagina que le hicieran una entrevista a Jesús. ¿Qué pensaría? ¿Nos diría que su objetivo fue ser feliz?

En estas primeras líneas de nuestra guía sobre el propósito vamos a analizar el concepto de la verdadera felicidad en función de las teorías psicológicas científicas. Incluso intentaremos explicarte que, a veces, cuando establecemos la felicidad como objetivo prioritario en nuestras vidas, tomamos un camino que puede ser equivocado.


Por eso creemos que vale la pena recapacitar unos minutos sobre nuestras ideas acerca del concepto de felicidad. ¿Te has planteado alguna vez dónde reside? ¿Es un estado transitorio o un estado de bienestar y satisfacción general con la vida? La respuesta es clara: La felicidad no es un destino, es una forma de viajar y está en tu mano proveerte de las alforjas para este viaje.


La psicología plantea diferentes dimensiones de ese estado que identificamos con la felicidad.


Aunque la felicidad siempre ha sido una aspiración humana, no es hasta hace pocas décadas que los psicólogos se han interesado en su estudio. El enfoque de la psicología positiva y las obras de algunos psicólogos como Martin E. P. Seligman han hecho que muchas investigaciones pongan su atención en lo que hacemos como seres humanos para sentirnos mejor. En este sentido, se distinguen al menos tres dimensiones o grados de felicidad: el placer, las gratificaciones y la búsqueda de sentido.



1. El placer


¿Has asociado alguna vez tu felicidad con algún placer inmediato o con conseguir algún bien material?


Todos, en algún momento, hemos pensado que seremos más felices cuando tengamos dinero, un buen coche o la casa de nuestros sueños… Y es cierto que, en ocasiones, la persecución de ciertos objetos materiales o placeres inmediatos nos puede conducir a sentirnos bien al principio, pero no siempre es así. Los objetos preciados casi nunca nos aportan una felicidad duradera y dejan nuestra felicidad en manos de circunstancias que muchas veces no dependen de nosotros.


Algunas personas son capaces de encontrar plenitud o felicidad en cosas muy sencillas de su día a día. El placer es la satisfacción inmediata de nuestras necesidades y deseos. Un paseo al aire libre, una taza de chocolate, una conversación interesante… pueden suponer fuentes de placer. Esta búsqueda de felicidad tiene que ver con las motivaciones biológicas más primarias de las personas: hambre, sed, sueño, sexo… así como con la búsqueda de emociones positivas como la diversión. Sin embargo, muchas teorías indican que la búsqueda de felicidad a través de estas fuentes es poco duradera, ya que, una vez que nos habituamos a ellas, su capacidad para proporcionarnos placer se reduce y dejan de proporcionarnos bienestar. Por eso, podemos encontrarnos tratando de disfrutar intensamente de los placeres de la vida y sintiéndonos al mismo tiempo vacíos e insatisfechos o buscando el placer en sitios equivocados, (alcohol, drogas…)


Nuestra sociedad se ha visto en los últimos años invadida por fórmulas rápidas y consumistas de obtención de placer: desde la comida rápida hasta el alivio rápido de nuestros dolores… todo en persecución de un bienestar breve y asociado a placeres externos. Sin embargo, como veíamos, la psicología ha demostrado que esta búsqueda incansable de placeres no nos lleva a ser más felices. ¡Incluso puede hacernos más desdichados! ¿Por qué? Porque si nos habituamos a ellos y nos hacemos dependientes, podemos llegar a convertirnos en compulsivos buscadores de nuevas fuentes de felicidad. Dependientes de éstas, corremos el riesgo de entrar en una espiral de insatisfacción.


Esta situación puede afectar a personas de cualquier edad, incluidos los niños.



2. Las gratificaciones y el compromiso con uno mismo


Parece que vivir sin metas ni compromisos pueden llevarnos a intentar llenar nuestra vida de placeres efímeros y hacer sin embargo que nos sintamos totalmente frustrados. Por todo lo anterior, algunas personas buscan ser felices cultivándose a sí mismos. Prefieren reducir la búsqueda constante de placeres cotidianos y dedicar algo más de esfuerzo a perseguir metas plenamente significativas en su vida. Así, pueden entrenarse físicamente a diario para obtener logros deportivos, estudiar durante varios meses para un examen importante, o practicar durante horas con un instrumento musical, jardinería, cocina…...