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Educando en sexualidad desde el amor. Consejos generales para familias.

Muchas familias se sienten incómodos cuando reflexionan sobre la necesidad de hablar de sexualidad con sus hijos. Esto sucede porque, con frecuencia, relacionamos la educación afectivo sexual con el sexo. Hablar de sexo es normalmente lo primero que se nos viene a la mente, quizás porque pensamos en el aspecto reproductivo de la sexualidad, olvidando que la educación afectivo-sexual va más allá de informar a nuestros hijos sobre cómo se hace un bebé.



La afectividad y la sexualidad tienen que ver con nuestra forma de ser, de comunicarnos con otros, de sentir, expresar y vivenciar el amor humano. Además de los hijos entiendan en qué consiste la reproducción humana, la educación afectivo-sexual contempla facetas como:

La expresión del cariño,

Las relaciones interpersonales basadas en el amor,

El respeto a uno mismo y a los demás,

La gestión de la intimidad,

El desarrollo de la propia identidad,

La imagen corporal…


La sexualidad existe desde el inicio de la vida de una persona y la educación afectivo-sexual es una parte del desarrollo de su personalidad que tiene que ver con el apego, los lazos afectivos y el modo en que aprendemos a relacionarnos con otras personas. Todos los aspectos anteriores forman parte del desarrollo afectivo-sexual de los niños y adolescentes, por lo que puede resultar tranquilizador pensar que vamos a ayudarles a que se desenvuelvan bien en un aspecto muy importante de las relaciones interpersonales: las relaciones íntimas amorosas.


Sin embargo, aun teniendo claro la importancia de estos valores, la tarea de educar en una sexualidad adecuada se torna compleja en los tiempos que corren. La información que nuestros hijos y adolescentes reciben desde el ámbito social, educativo y “virtual”, a veces no es coherente con los principios en los que queremos educar a los hijos: una sexualidad afectiva respetuosa y basada en el amor y el compromiso.

Tenemos presente, además, que el acceso a contenido sexual pornográfico o inadecuado es mucho más sencillo para niños y jóvenes con el desarrollo de las tecnologías, por lo que debemos esforzarnos aún más si cabe, en ayudar a nuestros hijos a comprender aquello que pueden encontrar en ese mundo, ya sea de forma accidental o intencionada.




Por ello, algunos expertos recomiendan comenzar cuanto antes a hablar en familia de temas relacionados con el afecto y sus demostraciones, naturalizando un aspecto tan humano e íntimo. Así, podríamos ayudarles a entender que esa visión de la sexualidad física y despersonalizada poco tiene que ver con el amor real. Si no lo hacemos así, pueden sentirse confusos si lo conocen antes de tener un “contexto” en el que puedan tener algo de juicio crítico.

La educación en estos aspectos, además, debería relacionarse con la educación en valores que damos a nuestros hijos, ya que las demostraciones de amor hacia otras personas tienen que ver con muchos de ellos: la familia, el amor, el respeto a uno mismo y a los demás, la responsabilidad, la generosidad, la honestidad, el propósito…


Nuestros objetivos a la hora de educar en la afectividad y sexualidad a los hijos tienen que ver con, al menos, cuatro


aspectos:

Que aprendan a tener relaciones amorosas respetuosas, comprometidas y saludables. Dado que este es un aspecto fundamental de las relaciones amorosas que establecerán en el futuro, parece muy importante dedicarle algo de tiempo y esfuerzo a enseñarles a ser felices amándose a sí mismos y a la otra persona.

Que sean capaces de construir familias sólidas y fuertes, afrontando las dificultades que ello conlleva.

Que adquieran una buena regulación emocional en sus relaciones, aprendiendo por ejemplo a tomar decisiones basadas en sus principios, criterios y valores y no en la opinión o persuasión de los demás.

Que desarrollen una adecuada identidad sexual y que tengan una vida sexual futura sana. La sexualidad es un aspecto fundamental de la salud, junto a la alimentación, el sueño o los hábitos deportivos y saludables. Es importante hacer prevención de embarazos no deseados o enfermedades sexuales, por ejemplo.


En definitiva, nuestra motivación es ayudarte para que eduques a tus hijos de modo que comprendan la afectividad y la sexualidad de modo positivo y sano, siendo capaces de tomar decisiones adecuadas respecto a ellas. Decisiones que les ayuden en el futuro a ser capaces de convivir en pareja y llevar una vida afectivo-sexual satisfactoria, respetuosa, comprometida y acorde a una vida con propósito.

El ser humano está hecho de apego, el vínculo afectivo que establecemos con los seres humanos que nos rodean está ya establecido en nuestra esencia, en nuestro ADN. Esto es lo que nos diferencia de otros seres vivos y lo que debería distinguir una educación sexual de calidad. No consiste únicamente en que conozcan cómo se reproduce el ser humano, sino cómo se relaciona en la intimidad y cómo establecen lazos afectivos duraderos y comprometidos. Contemplar la educación afectivo-sexual desde ese prisma te ayudará a comprender lo que necesita saber tu familia en cada momento de su desarrollo.

En la serie de capítulos sobre educación afectivo sexual te ayudaremos a poner en práctica una verdadera educación en valores en estos aspectos.


Quizás la forma de abordarlos no sea como se hacía antaño, con una única y planificada conversación magistral en plena adolescencia, sino mucho antes y de forma continuada, incluyendo esta temática como uno más de los aspectos sobre los que tienes que educar en familia. De este modo, te resultará más sencillo hablar de asuntos como el respeto mutuo, el compromiso en las relaciones íntimas, la pornografía, la virginidad, los anticonceptivos, las prácticas sexuales peligrosas para la salud, etc.


¿Te apetece continuar leyendo? Estos son algunos de los artículos que componen nuestra guía sobre educación afectivo-sexual

Los padres como ejemplo de afectividad y sexualidad sanas.

Educación afectivo-sexual para hijos de 0 a 6 años.

Educación afectivo-sexual para hijos de 6 a 12 años.

Educación afectivo-sexual para adolescentes a partir de 12 años: las primeras relaciones afectivas y sexuales. La anticoncepción. La pornografía...

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