La inteligencia en la era de las pantallas: ¿qué está cambiando?
Durante años, generación tras generación, las puntuaciones medias en las pruebas de cociente intelectual han aumentado de forma constante, esto es a lo que se le llama “efecto Flynn". Sin embargo, estudios recientes realizados en diversos países desarrollados han detectado una ralentización e incluso una ligera disminución de estos resultados. Los investigadores, sorprendidos por este hallazgo, están intentando encontrar una explicación para diseñar estrategias que permitan fortalecer el desarrollo intelectual de las futuras generaciones.

Aunque sería incorrecto concluir que los jóvenes actuales, los denominados Generación Z y generaciones más jóvenes, son menos inteligentes en términos absolutos, sí existen indicios de cambios en determinadas habilidades cognitivas que merecen atención.
Pero, ¿qué se ha descubierto hasta ahora?
Diversos estudios realizados en Europa, Norteamérica y Oceanía han observado que las puntuaciones medias en algunas pruebas de inteligencia han dejado de crecer e incluso han experimentado ligeros descensos. Este fenómeno parece afectar especialmente a habilidades relacionadas con el razonamiento abstracto, la concentración sostenida y ciertos aspectos de la comprensión verbal.
Los investigadores advierten, sin embargo, que el cociente intelectual no mide la inteligencia en toda su complejidad. Las nuevas generaciones pueden destacar en capacidades que las pruebas tradicionales evalúan de manera limitada, como la adaptación a entornos digitales, el procesamiento rápido de información multimedia o determinadas formas de resolución colaborativa de problemas.
Por ello, el debate actual no gira tanto en torno a si los jóvenes son "menos inteligentes", sino a cómo están cambiando las habilidades cognitivas predominantes en una sociedad cada vez más tecnológica.
ALGUNAS HIPÓTESIS QUE EXPLICAN LO QUE ESTÁ OCURRIENDO
Cambios en los hábitos de lectura
La lectura comprensiva ha sido siempre una de las principales herramientas para desarrollar el pensamiento crítico, la comprensión compleja y el vocabulario. Sin embargo, el tiempo dedicado a la lectura de libros ha disminuido, mientras que ha aumentado el consumo de contenidos breves y fragmentados en plataformas digitales.
Esta transformación puede afectar especialmente a las capacidades relacionadas con la comprensión de textos largos y el razonamiento secuencial.
¿Qué podemos hacer?
Promover la lectura desde edades tempranas. Aunque no sepan leer, estar en contacto con cuentos y libros desde la infancia, aumenta la probabilidad que se lea.
Regalar libros en cumpleaños u otras festividades. Si lo tienen a mano, es más probable que lean.
Visitar librerías para descubrir que es lo que más le gusta. Cuentos, novelas, comics, ensayos, biografías… Hay para todos los gustos.
Hoy en día, se hacen muchas adaptaciones de libros en forma de series o películas. Si hay alguna que le ha gustado especialmente, se puede animar a que lean el libro original.
Ser un buen ejemplo. Tener padres lectores favorece que los hijos lean.
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Sobrecarga digital y fragmentación de la atención
La exposición continuada a pantallas y redes sociales, influyen directamente en nuestra capacidad atencional. Estar expuestos a notificaciones, vídeos cortos y estímulos inmediatos puede dificultar la concentración prolongada necesaria para tareas cognitivamente exigentes (aprender cosas nuevas, hacer razonamientos abstractos, tomar decisiones…)
Sin darnos cuenta, con estos hábitos, estamos moldeando nuestra atención. Cada vez nos cuesta más mantener la atención, nos despistamos con frecuencia y si no hay una gran estimulación, perdemos el interés con facilidad. Esto sin duda, afecta de manera directa y negativa a nuestra curiosidad y capacidad de aprendizaje.
¿Qué podemos hacer?
Promover un uso responsable de las pantallas.
Optar por contenido más extenso. Vídeos de más de 5- 6 minutos, podcasts, películas… Evitando que todo el contenido sea formato video corto.
Favorecer espacios sin interrupciones. Por ejemplo: mientras se hacen los deberes o alguna actividad. La idea es que la tarea pueda completarse lo máximo posible para poder fortalecer la atención.
Tenemos mucho contenido relacionado con las pantallas y cómo hacer un buen uso de ellas. Te animamos a que visites nuestra web.
Planes de estudios
Muchos sistemas educativos han priorizado la memorización de contenidos o la preparación para exámenes en detrimento del pensamiento crítico, la lógica formal y la resolución compleja de problemas. Se prioriza el memoriza antes que pensar y razonar.
Cuando la educación se orienta a obtener resultados académicos inmediatos para “superar” el curso, se puede ver limitado el desarrollo de habilidades cognitivas superiores.
¿Qué podemos hacer?
Conocer bien el plan de estudios del centro en el que estudian nuestros hijos. En caso de que no se pueda acceder a colegios con enfoques más globales, buscar otras opciones o reforzar en casa las carencias.
Fomentar el aprendizaje basado en problemas y proyectos. Analizar situaciones reales, investigar, proponer soluciones y justificar sus decisiones.
Resolver problemas cotidianos en familia, como planificar un viaje, elaborar un presupuesto o decidir la mejor compra comparando opciones.
Hacer preguntas abiertas, como "¿Por qué piensas eso?", "¿Qué otra solución podría haber?" o "¿Qué pasaría si...?", en lugar de dar siempre la respuesta.
Permitir que se equivoquen y aprendan de los errores, evitando resolverles todos los problemas y ayudándoles a reflexionar sobre cómo podrían hacerlo mejor la próxima vez.
Fomentar la curiosidad, respondiendo a sus preguntas e invitándoles a investigar juntos cuando no se conozca la respuesta.

Entornos intelectuales poco exigentes
El desarrollo cognitivo depende en gran medida de la exposición a desafíos intelectuales. La reducción del tiempo dedicado a actividades como la lectura, los debates, la escritura reflexiva o actividades que requieran de estrategia puede disminuir las oportunidades para ejercitar funciones cognitivas avanzadas. La realidad es que hoy en día, muchos jóvenes prefieren preguntarte a la inteligencia artificial para obtener una respuesta rápida, que utilizar su propia inteligencia.
¿Qué podemos hacer?
Potenciar el pensamiento crítico y la resolución de dilemas. Si quieres saber cómo hacerlo, revisa este contenido: Pensamiento crítico.
Jugar a juegos con retos, enigmas o de estrategia.
Debatir en familia sobre temas de actualidad: gestión de la inmigración, corrupción, cambio climático…
Crear espacios estimulantes a nivel intelectual-artístico. Hacer manualidades, participar en proyectos creativos, tocar un instrumento, visitar museos y exposiciones…
Factores sociales y de salud
Los problemas relacionados con el sueño, la ansiedad, el estrés y el sedentarismo también puede influir en el rendimiento cognitivo. Numerosos estudios han demostrado que el descanso adecuado, la actividad física y la salud mental son factores fundamentales para el desarrollo intelectual.
¿Qué podemos hacer?
Fomentar la actividad física para combatir el sedentarismo.
Alimentarse de una forma equilibrada y sana. Buscando alimentos buenos tanto para el cuerpo como para el cerebro.
Enseñar a gestionar las emociones. Favorecer entornos en los que se validen las emociones y se pueda hablar de ellas.
La evidencia científica no permite afirmar que la Generación Z sea menos inteligente que las anteriores. Lo que sí parece estar cambiando es la forma en que se desarrollan y utilizan determinadas habilidades cognitivas en un contexto marcado por la digitalización, la inmediatez y nuevas formas de aprendizaje. Más que preocuparnos por un supuesto descenso de la inteligencia, deberíamos centrarnos en crear entornos que favorezcan el pensamiento crítico, la concentración, la curiosidad y la resolución de problemas.
La buena noticia es que muchos de los factores que influyen en el desarrollo cognitivo pueden modificarse. La familia, la escuela y la sociedad tienen la oportunidad de fomentar hábitos como la lectura, el debate, el juego estratégico, el uso equilibrado de la tecnología, la actividad física y el descanso. La inteligencia no es una capacidad fija, sino un potencial que se fortalece con experiencias enriquecedoras y con una educación que enseñe, no solo a memorizar, sino también a pensar.







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