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Los padres como ejemplo de afectividad y sexualidad sanas

La educación afectivo-sexual no se transmite a los hijos únicamente hablando con ellos, sino también desde el ejemplo, ofreciendo un modelo sano de relación de pareja, en el que nuestra actitud, nuestros gestos, nuestra interacción supongan un modelo para que en su vida adulta sean capaces de construir, mantener y disfrutar de su propia familia.


Desde este punto de vista, nuestro ejemplo ha de servirles como aprendizaje de convivencia, haciéndoles ver también la manera de resolver los posibles baches y conflictos que experimenta toda relación y que probablemente ellos también experimentarán en el futuro.



No encontramos mejor manera que educar desde el ejemplo si lo que queremos es transmitir a nuestros hijos la importancia y las ventajas de una sexualidad saludable. Nuestra motivación: Que sean capaces de tener relaciones significativas y respetuosas con los demás, expresando su afectividad, amor e intimidad de forma congruente a sus principios y valores personales. ¿Puede existir un mejor propósito? ¿Algo que les pueda ayudar más a sentirse realizados?





Lo que dicen las investigaciones



RESPECTO AL MATRIMONIO


Diferentes investigaciones afirman que las personas casadas tienen una mayor salud física y psicológica, siendo su esperanza de vida más larga. Se ha encontrado que el matrimonio combate, entre otros, los problemas psicológicos, las adicciones y los comportamientos agresivos.

El matrimonio aporta grandes beneficios psicológicos, tanto en hombres como en mujeres. Las personas casadas son más felices que las cohabitantes, (parejas de hecho), solteras, divorciadas y viudas.


RESPECTO A LOS HIJOS


El vínculo seguro y sano en niños y adolescentes se adquiere con más facilidad en el entorno de una familia estable, sólida y unida que en contextos familiares desorganizados e inestables.

El sentido de pertenencia e identificación con los valores de la familia se alcanza mucho más en familias en las que los progenitores conviven y tienen una buena relación entre ellos.

Sin embargo, en familias con situaciones conflictivas hay más posibilidad de que se generen desconfianza, inestabilidad emocional y problemas de apego. Estas familias pueden ser para los adolescentes, además, un modelo de conductas inadecuadas, como la violencia afectivo-sexual o la sumisión, llegando a normalizarlas.

¿Sabías que los adolescentes cuyos padres mantienen relaciones afectivas sanas tienen menos probabilidades de protagonizar situaciones de violencia de género y otros problemas similares? Posiblemente esto se debe a que han aprendido en familia cómo deberían comportarse en una relación de pareja y qué situaciones no deberían permitir que sucedieran.


Como en otras ocasiones, ayudarles a que adquieran estas capacidades debería ser una consecuencia de compartir valores similares sobre lo que supone la relación de pareja, a raíz de una reflexión conjunta. ¿Os habéis planteado alguna vez de forma explícita cuáles son vuestros principios familiares respecto a la afectividad y sexualidad en vuestra relación de pareja?

Te proponemos dos actividades sencillas.


Actividad 1

Tomaos unos minutos para reflexionar sobre qué es para vosotros la sexualidad y cómo la vivís. Estas pueden ser algunas cuestiones que abran el diálogo entre vosotros.

¿Qué es para nosotros la sexualidad?

¿Cómo vivimos y expresamos nuestra afectividad y sexualidad?

¿Cómo nos ayudan la confianza mutua y la fidelidad?

¿Qué valores son importantes para nosotros en la afectividad de pareja? (Respeto, compromiso, comunicación, intimidad, placer, salud, pudor, reproducción responsable, amor, autocuidados, prudencia…)

¿Cuáles son vuestros miedos respecto al desarrollo afectivo y sexual de vuestros hijos?



Actividad 2

Clarifica con tu pareja vuestra opinión sobre algunos temas que tendréis que abordar durante la crianza y que guardan relación con la educación afectivo-sexual: la edad para las primeras citas, la pornografía, las relaciones prematrimoniales, la prevención de enfermedades de transmisión sexual…

Probablemente te parecerá muy complejo tratar todos estos asuntos respecto a tus hijos, sobre todo si estáis en el inicio de la crianza. No te preocupes, cada cosa se abordará en su debido momento. Sin embargo, es importante documentarse, discutir sobre ello y sobre todo poner estas temáticas en consonancia con vuestros valores familiares. Por eso, el diálogo y el consenso entre vosotros es fundamental como punto de partida.


Educar desde el ejemplo

Estos son algunos consejos para educar en la sexualidad desde el ejemplo familiar.

  • Esfuérzate para conseguir una crianza basada en la educación en valores en general. Si educas en valores en general, el ámbito de la educación afectivo-sexual se verá beneficiado.

  • Identifica los valores familiares para elegir cuáles te gustaría trasmitir. Si tenemos claras nuestras creencias y los valores por los que nos guiamos, será más sencillo darles un ejemplo congruente.

  • Relaciónate con los demás desde el amor y el respeto. Para más pautas sobre este aspecto, visita nuestra guía sobre amor y generosidad

  • Expresa de manera abierta tu afectividad hacia tu pareja, tus hijos y otros seres queridos. No dudes en decirles cuánto los quieres o hablar con tus hijos sobre el amor que sientes por los demás.

  • Haz demostraciones de afecto físico en pareja y en familia como ejemplo de amor, a modo de besos, despedidas, abrazos, caricias…


  • Por el contrario, procura ser discreto en las relaciones íntimas. No es necesario que tus hijos estén expuestos situaciones que no sean capaces de interpretar con su edad o que les incomode mucho. (Aunque pueda resultar extraño, pero hay matrimonios que no le dan importancia a este aspecto de la intimidad).

  • En el contexto familiar habla abierta y respetuosamente sobre la sexualidad y las relaciones románticas. A tus hijos les puede gustar saber cómo se conocieron y enamoraron sus padres, cómo fueron sus primeras citas o cómo se declararon su amor. Contar anécdotas apropiadas a su edad pueden resultarles, además de divertido, ejemplificante.

  • Habla de vuestro compromiso de pareja. Si tus hijos entienden la importancia y las ventajas de mantener una relación comprometida y basada en la fidelidad les será más sencillo seguir vuestro ejemplo.

  • Utiliza ejemplos cotidianos, casos cercanos o historias de amor y desamor presentes en su día a día para analizar el sufrimiento que supone la falta de compromiso. Hablar de infidelidades o traiciones con ellos les ayudará a entender lo difícil y dolorosas que son estas situaciones, no solo para quien sufre la infidelidad, sino también para quien la comete.

  • Habla con tus hijos del valor de la espera, el esfuerzo, de la importancia de aplazar las gratificaciones y los premios inmediatos. Esperar es una estrategia para valorar lo que se tiene, practicar la paciencia y el compromiso y tomar decisiones acertadas, también en el ámbito de la afectividad y sexualidad.

  • Muestra respeto por las diferencias de género y orientación sexual delante de tus hijos, procurando que tu actitud se corresponda con tus valores personales.


En tu trato con los hijos

Trata con respeto y delicadeza su cuerpo. A la hora de asearles, cambiarles y hacerles mimos, procura que tu trato sea cuidadoso.


Llama a las partes del cuerpo por su nombre y con naturalidad. Algunas veces nos da vergüenza nombrar los genitales por su nombre real (testículos y pene o vulva y vagina) por lo que los sustituimos por eufemismos. Intenta normalizar y mencionar sus nombres cuando te refieras a estas partes.

Mi hijo de 11 años relataba su primera clase de ciencias naturales sobre el aparato reproductor. La profesora pidió a la clase que aportasen todos los nombres, pseudónimos y eufemismos que usaban sobre el tema. Tras la tormenta de ideas, tonterías y nombres estrambóticos anotados en la pizarra, la maestra dijo: “Bien. A partir de ahora, únicamente llamaremos a cada cosa por su nombre”. Después, durante la cena, mi hijo comentaba sonriente: “¿Veis? Así es tal y como lo hacemos en casa”.

Respeta su pudor y vergüenza ante situaciones en las que deba mostrar su cuerpo, (con el doctor, en clase de natación…) y en las que no se sienta cómodo. Permite que se tome su tiempo y procura transmitirle su comprensión.


Respecto a la desnudez, procura mantener una actitud natural pero pudorosa y ser un ejemplo de cómo mostrarse en cada momento social. El objetivo es educar en la discreción y el pudor. La desnudez no es un tabú. Hay momentos íntimos en los que es natural mostrar nuestro cuerpo, (al vestirnos o ducharnos, por ejemplo) y otros en los que no es tan correcto mostrar nuestra ropa íntima o nuestra desnudez.


Además de todos estos consejos, una de las claves para educar desde el ejemplo será también la comunicación con los hijos. Abordaremos este asunto en profundidad, intentando analizar los temas que suelen ser más apropiados en cada momento de la crianza.


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