Duelo infantil: consejos para dar la noticia


Como hemos visto en el artículo Duelo infantil: Cuidar mi duelo para poder cuidar el primer y principal consejo que queremos ofrecerte es que cuides tu propio proceso de duelo. En éste artículo te daremos pautas para poder comunicar la noticia y gestionar la reacción de los niños.

¿Cómo hablar de la muerte con los hijos cuando nosotros mismos estamos inmersos en el dolor? Puede ser difícil encontrar la manera más adecuada. ¿Nos deben ver llorar? ¿Y si no nos sentimos tristes? ¿Y si nuestros sentimientos son otros? ¿Deben conocer nuestras emociones más intensas? ¿Es razonable compartir con ellos todo este torbellino de sentimientos?

La respuesta es afirmativa. Es importante compartir con los hijos, de forma adaptada a su edad, la situación por la que atraviesa la familia. Esto les hará sentir que forman parte de ella, no se sentirán aislados. Piensa que, incluso desde antes de la muerte de un ser querido, y de forma inevitable, las rutinas cotidianas se alteran durante unos días. Los mayores van y vienen a los hospitales. Los niños son cuidados a veces por personas muy cercanas pero que no son las habituales. En el ambiente de los adultos se respira silencio y preocupación. Tras la muerte, viene el tanatorio, el funeral, las despedidas… Situaciones que siguen modificando de forma sustancial lo cotidiano. Intentar mantenerles al margen de todo ello es inevitable. Por el contrario, hablar con ellos, explicarles la difícil situación en su justa medida, aliviará nuestros sentimientos de culpa. Y lo más importante: contribuirá a que ellos se sientan menos confusos y más preparados para elaborar su duelo.

No existen recetas mágicas ni fórmulas precisas, pero si hay una cosa que los expertos tienen claro es quién ha de hacerlo. La noticia la tiene que dar una persona muy cercana al niño, preferiblemente sus padres. Son ellos los que mejor le conocen, los más preparados para acoger al niño en su dolor y darle soporte emocional.

Muchas personas pueden no sentirse preparadas para ello. Sobre todo, en algunos casos especiales, como el fallecimiento de uno de los progenitores o muertes muy traumáticas o inesperadas. En estas situaciones los familiares a veces pueden estar acompañados por psicólogos especializados. Pero sin olvidar que son ellos, las personas importantes para el niño, las más apropiadas para acoger su dolor y ofrecerle consuelo.

  • ¿Cuál es el momento más adecuado?

Si bien es verdad que puedes tomarse algo de tiempo para buscar las palabras y encontrar el momento más propicio, es recomendable no demorarlo más de lo imprescindible. Piensa, tal y como decíamos más arriba, que el desconocimiento, la incertidumbre, los cambios de rutina y la confusión del niño pueden ser aún más perjudiciales que conocer lo que ha ocurrido.

En ocasiones, cuando pienses en cómo informar de un fallecimiento a un menor, sentirás miedo de su reacción emocional.

"Tristemente, no podremos evitar que la noticia sea dolorosa para el niño. Pero podemos estar a su lado para consolarles y compartir su dolor."

Ten en cuenta que evitarle el sufrimiento no va a ser posible. La muerte de un ser querido inevitablemente le causará dolor. Céntrate en como validar ese dolor, ya que se trata de una reacción natural, y en acompañarle en el mismo.

  • Preparar para la noticia

Algunas veces, cuando la muerte es predecible, es posible ir preparando al niño para la mala noticia. “El abuelito está muy enfermo”. “Es posible que ya no pueda volver a casa con nosotros” … Se trata de mensajes que, además de informar a los niños de la situación familiar, les preparan para un fatal desenlace.

Esta es una estrategia que muchos padres utilizan para ajustar las expectativas de los hijos. Es una acción muy útil también para evitar que el impacto emocional sea mayor. Otros padres no se atreven a ir “adelantando” alguna información realista por miedo a las reacciones de los pequeños. Intentemos reflexionar sobre ello mediante un ejemplo.

Preparar a los hijos para un fallecimiento cercano en la familia implica darles también la oportunidad de que comiencen a elaborar algunas tareas del duelo de forma anticipada, o al menos, que se vayan planteando algunas preguntas. Siguiendo nuestro ejemplo, e imaginando que hemos decidido adelantar alguna información, ¿qué puedes hacer si tu hijo te pregunta si el abuelito se va a morir? En estos casos se recomienda ser sincero, decirle que es probable, que no se sabe a ciencia cierta. Resumir de forma adecuada a su edad la información disponible, acompañando el mensaje con las emociones que nos genera. “No lo sé, pero estoy un poco preocupado”, “Es probable, y todos nos sentimos bastante tristes”. Estarás así dándole un modelo de cómo comunicar sus preocupaciones.

Llegado el momento del fallecimiento, ¿cómo debería darse la noticia? He aquí algunas recomendaciones sencillas, pero que pueden ayudarnos a que la comunicación sea más eficaz.

 

¿Cómo dar una mala noticia en 8 pasos?

Seguro que con estas recomendaciones te va a resultar más sencillo. Aun así, te aconsejamos que tengas en cuenta algunas cosas que deberías evitar y que, incluso, pueden llegar a ser contraproducentes o dificultar la comprensión del hecho.

En primer lugar, piensa bien el término que vas a usar para referirte al fallecimiento. Considera que debería ser concreto y específico, cuanto más pequeño sea tu hijo. Los niños pequeños son muy literales. Si les decimos “el abuelito se ha ido” quizás no comprendan dónde ha ido ni el motivo. Lo mismo sucede con expresiones del tipo “ya no está con nosotros” o “ha sucedido lo peor”. Los niños mayores y los adolescentes pueden comprenderlo, más si tienen información previa de la situación. Pero un niño pequeño no. La expresión “el abuelito se ha muerto” puede ser un punto de partida para niños de cualquier edad. No tengas miedo de utilizarla. Puedes hacerlo de forma tierna.

Por otro lado, los niños tienen que entender que la persona fallecida no va a volver. La muerte es irreversible. Por eso, utilizar eufemismos o metáforas como “es un ángel”, “ahora vive en una estrella” puede llevarles a confusión, principalmente a los más pequeños, que son muy literales. Es más adecuado recurrir a las creencias familiares si el niño necesita recibir una explicación más extensa.

Para terminar, es aconsejable no asociar la muerte con detalles físicos. Decirle a un niño que a nuestro familiar “se le ha parado el corazón”, “dejó de respirar”, “se quedó dormido” … puede despertar en él miedos innecesarios. Es más recomendable que asociemos la muerte a una causa general, del tipo “estaba muy enfermo”. Lo fundamental que debe comprender es que, simplemente, el cuerpo ha dejado de funcionar. La causa de la muerte es el cese de las funciones vitales. No es necesario, al principio, dar detalles más concretos.

Estas ideas, sin embargo, no necesariamente se tienen que matizar en el primer momento, cuando comuniques la mala noticia. Primeramente, es importante atender a lo emocional. Después, estos son conceptos le tendrán que ir quedando claros con el paso de los días, en conversaciones sucesivas.

 

¿Cómo comunicarlo en la escuela?

Si tu familia está atravesando por una situación tan difícil como esta, nos parece importante que lo comuniques en el colegio o instituto de tu hijo. Ellos sabrán observar su comportamiento, comprender que en ocasiones se encuentre disperso o acoger su estado emocional en momentos concretos.

En algunas circunstancias especiales, como la muerte de un progenitor o un hermano, la situación de tu hijo deberá ser tenida en cuenta por el grupo de profesores y también de compañeros.

"El centro educativo puede resultar una importante fuente de apoyo y ayuda en estos momentos difíciles."

Nuestra recomendación es que hables con el tutor y el psicólogo escolar. Ponemos aquí el ejemplo de un niño de 10 años que perdió a su madre tras una larga enfermedad. El apoyo, el amor, la comprensión de sus compañeros de clase fueron una ayuda inestimable, sin menospreciar el apoyo de las otras familias a su padre, en esos momentos tan difíciles y confusos para él.

Por todo esto, te recomendamos que, si vuestra familia ha perdido a alguien importante, o está a punto de hacerlo, lo comuniques cuanto antes en el centro escolar. Al fin y al cabo, es (después de la familia) la segunda institución más importante para los niños. Y donde más tiempo pasan.

Si tus hijos se están educando en un colegio religioso, te sugerimos esta guía elaborada por Escuelas Católicas que propone algunos recursos para el tratamiento del duelo en la escuela. La puedes descargar en este enlace.

 

¿Y después de la noticia?

No está claro el tiempo que dura el duelo, depende mucho de la persona y de las circunstancias. Algunos autores hablan de un proceso de aproximadamente un año o algo más, aunque este dato es solo orientativo. Depende de las tareas que cada persona vaya haciendo y de su esfuerzo para acomodarse a la nueva situación. En cualquier caso, los niños pasan por las mismas fases del duelo que las personas adultas y precisarán su tiempo para ir asimilando poco a poco la pérdida.

Algunos niños necesitarán conversar sobre lo que ha sucedido. Muchos tienen la necesidad de comprender lo que ha pasado, cómo ha pasado… A veces necesitan, una vez superado el primer impacto, recomponer la información, encontrar explicaciones. Te recomendamos que hables con tu hijo desde la sinceridad, contándole siempre la verdad de manera ajustada a su edad. Escucha a tu hijo. Es importante que cuente, diga y pregunte. Seguramente con el paso de los días necesite hablar de ello en repetidas ocasiones. Esto, aunque puede ser doloroso para los adultos, es muy recomendable para los pequeños, que podrán sobrellevar un proceso de duelo normalizado.

Otros niños necesitan algo de tiempo para poder hablar de ello. En estos casos evita las preguntas “interrogatorias” y no insistas en hablar del tema cuando aún no están preparados para ello.

Llegado el momento, responde a sus preguntas asegurándote de que entiende las respuestas o explicaciones. Actúa con honestidad. No mientas en las explicaciones si no sabes cómo explicar algo. Es mejor decir simplemente “no lo sé“.

Algunos estudios indican que los niños educados en familias religiosas tienen más facilidad para resolver un duelo de forma saludable. No obstante, también en algunas ocasiones un fallecimiento poco esperado o crítico puede hacer que los ideales religiosos de los niños y adolescentes se resientan durante un tiempo. Sé paciente. Es posible que tus hijos necesiten que les expliques o repitas las cosas varias veces. Esto te estará indicando su necesidad de conversar sobre lo sucedido y de etiquetar lo que están sintiendo.

Otro consejo: actúa como un modelo de expresión emocional. Comparte tus sentimientos acerca de la pérdida. Pídele al niño que también lo haga. Se trata de momentos que forman parte de la intimidad familiar y hablar de ello puede ser muy saludable para tu hijo y para ti mismo. Muchos estudios evidencian el valor de las lágrimas. Poner palabras al dolor les ayudará a comprender lo que les ocurre y a avanzar en este proceso con naturalidad.

Puedes ayudarle a verbalizar lo que siente mediante la realización de dibujos, (en los que él exprese libremente cómo se siente, cómo es ahora su familia, lo que ha sucedido…) o a través de juegos simbólicos (con muñecos o juguetes del niño que interaccionen entre sí o se cuenten lo que ha pasado y cómo se sienten. También puedes utilizar algunos de los recursos didácticos que te proponemos en la sección “Recursos interesantes para el duelo infantil”, que desarrollamos más abajo.

 

Más sobre el tema...

Este artículo forma parte de una guía para tratar el duelo. Si quieres seguir leyendo sobre el tema te invitamos a leer los artículos relacionados que encontrarás al final del artículo o descargar la guía completa.


1. Duelo infantil: Cuidar tu propio duelo para poder cuidar

2. Duelo infantil: Consejos para dar la noticia (estás aquí)

3. Duelo infantil: ¿cómo hacer partícipes a los niños de la despedida?

4. Duelo infantil: La adaptación a la nueva situación. Reacciones normales según la edad


 

Recursos interesantes para el duelo infantil

Libros sobre duelo para niños de hasta 6 años

NO ES FÁCIL PEQUEÑA ARDILLA

de Elisa Ramón y Rosa Osuna.

Habla sobre las diferentes fases del duelo de una niña ante la muerte de su madre, así como del importante papel que desempeña su padre en todo el proceso. (De 0 a 4 años)

COMO TODO LO QUE NACE de Elisabeth Brami.

Explica el ciclo de la vida de plantas y animales, ayudando a comprender las diferentes etapas del mismo. (De 0 a 4 años)

¿DÓNDE ESTÁ EL ABUELO? de Mar Cortina.

Cuento en el que, a propósito de la muerte de un abuelo, se habla de cómo entender la muerte como una parte más de la vida. (A partir de 3 años)

GRACIAS TEJÓN de Susan Varley.

Tiene como protagonista un anciano tejón. Trata el tema de la despedida al final de la vida y el legado que dejan los que ya no están. (De 5 a 8 años)

Libros sobre duelo para niños de 6 a 12 años

GRACIAS TEJÓN de Susan Varley.