¿Cómo cultivar y ser ejemplo de humildad como padre o madre?

Actualizado: 10 de jul de 2020


En el artículo "¿Qué entendemos por humildad y por qué es importante practicarlo?" hemos hablado sobre cómo la humildad nos impulsa frente a los retos. En este artículo te daremos las pautas generales que necesitas comenzar a aplicar como padre o madre para servir de ejemplo en su educación.

✓ Reconoce y asume tus defectos y faltas

Para practicar la humildad es preciso que admitas tus errores. Debemos asumir que somos imperfectos y que nunca dejaremos de aprender.

Te animamos a que utilices tus errores como herramienta educativa. Cada vez que metas la pata, habla con tus hijos sobre ello con naturalidad. Puedes contar cómo ocurrió, qué hiciste, cómo podrías hacerlo en un futuro, si hubo alguien que te ayudó a remediar el fallo…

✓ Acepta de forma incondicional a tus seres queridos

La humildad nos impulsa a respetar y darle valor a las diferencias. Esta actitud permite que tus hijos se desarrollen a su ritmo, potencien sus fortalezas y se superen a sí mismos sin presión. Todos tenemos derecho a ser como somos y debemos valorarnos a nosotros y a los demás tal cual.

Algunas formas de cultivar tu aceptación incondicional es validar y no menospreciar las distintas opiniones de tu familia cuando haya discrepancias o por ejemplo, no imponer las tuyas y animar a que tus hijos descubran sus propias opiniones y criterios.

✓ Aprende a recibir críticas

Cuando alguien te haga una crítica o te proponga opciones de mejora, recíbelo con una actitud de apertura. Eso no quiere decir que sea cierto lo que te están diciendo o que tengas que cambiar algo, pero siempre es bueno escuchar lo que los demás tienen que decirnos ¡y mucho más en el ámbito familiar!

Permitir ese espacio para comunicar lo que nos gustaría que cambiara,normaliza el hecho de que todos podemos mejorar o modificar cosas para que la convivencia sea mejor. Nos humaniza y nos ayuda a estrechar los lazos familiares.

La próxima vez que alguien te haga una crítica, escucha todo lo que tiene que decirte y después, contesta de forma compasiva y amorosa.

Algunos ejemplos:

- Entiendo tu punto de vista y lo tendré en cuenta la próxima vez.

- Disculpa, no era mi intención molestarte.

- No lo había contemplado desde esa perspectiva. Gracias por ofrecerme tu consejo.

✓ Corrige de forma constructiva

Los fallos que observamos en los hijos deben ser corregidos pero hay muchas formas de hacerlo. Podemos centrarnos únicamente en el fallo y juzgarlo o por el contrario, hacerlo de una forma constructiva. En el primer caso es probable que tu hijo se avergüence de sí mismo y que las opciones de cambio sean menores, mientras que en el segundo, no sólo repercutirá positivamente en su autoestima sino que además aprenderá y saldrá fortalecido.

Aprovechamos para remarcar que nuestros hijos están aprendiendo a desenvolverse en el mundo. Esto quiere decir que hay muchas cosas que aún no han podido aprender. Te recomendamos que dediques el tiempo que sea necesario a enseñar y no sólo te centres en corregir. Puedes utilizar frases como “me siento orgulloso de lo bien que lo has hecho”, “estoy seguro que por tus cualidades puedes hacerlo mejor si…”, “es normal que te cueste porque tienes poca práctica. Vamos a seguir intentándolo”

✓ Aterriza el concepto de humildad a situaciones cotidianas

El significado de la palabra humildad puede ser difícil de entender sobretodo para los más pequeños. Aprovecha cuando pierde el equipo de fútbol para decir que no siempre se gana, si saca peor nota que una compañera para decir que no siempre destacaremos, ante un suspenso aceptarlo y esforzarse y no echarle la culpa al profesor, cuando se junten los primos que los mayores no marginen a los pequeños… No desperdicies esos momentos cotidianos que al mismo tiempo son tan didácticos y educativos.

✓ Enseña a pedir perdón

En ocasiones cuesta pedir perdón porque nos resistimos a reconocer que hemos metido la pata u ofendido a alguien. La humildad nos ayuda a reconciliarnos con nuestra parte imperfecta y nos facilita el perdón. Por ejemplo: la próxima vez que tu hijo dé una mala contestación o pegue a su hermano, anímale a que se disculpe.

Relacionado con esto está la cualidad de perdonar. Saber aceptar disculpas de alguien que se ha equivocado es también un rasgo de humildad, ya que supone empatizar con esa persona y entender que, al igual que nosotros, es imperfecto y merece la oportunidad de mejorar y deponer su comportamiento. Perdonar supone también valorar la humildad de la otra persona, reconociéndole por este valor.

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