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Cómo enseñar a tus hijos a gestionar su enfado

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En el artículo «Cómo mantener a raya tu enfado»  explicamos cómo gestionar adecuadamente nuestro propio enfado y expresarlo de forma saludable. Esto es fundamental porque los niños aprenden, sobre todo, observando a los adultos.


Niño llorando enfadado

En esta colección de artículos queremos ofrecerte herramientas prácticas para ayudar a tus hijos o alumnos a comprender, regular y expresar adecuadamente su enfado.


La ira y el enfado forman parte de la experiencia humana. Son emociones normales que todos sentimos en algún momento, pero que es imprescindible saber gestionar.


Los investigadores distinguen entre:

  • La ira, que es una emoción. 

  • La agresión, que es una conducta destinada a dañar. 

  • La hostilidad, que es una actitud persistente de desconfianza o mala voluntad hacia los demás. 


Por tanto, el objetivo no es eliminar la ira ni considerarla algo malo, sino aprender a gestionarla de forma adecuada.


La ira suele aparecer cuando percibimos:

  • una injusticia; 

  • una frustración; 

  • una amenaza; 

  • una humillación; 

  • una invasión de nuestros límites; 

  • dolor físico o emocional; 

  • cansancio; 

  • estrés o sobrecarga; 

  • el bloqueo de una meta importante. 


La Universidad de Harvard recuerda que la autorregulación emocional no nace desarrollada. Los niños la aprenden progresivamente gracias a la ayuda de adultos que les enseñan a calmarse, comprender lo que sienten y expresar sus emociones adecuadamente.


¿Para qué sirve la ira?


Aunque muchas veces se considera una emoción negativa, la ira cumple funciones importantes.


Cuando está bien regulada:

  • nos avisa de que algo importante está ocurriendo; 

  • nos impulsa a defender nuestros límites; 

  • nos ayuda a reaccionar ante las injusticias; 

  • puede aumentar la perseverancia ante los obstáculos; 

  • puede transformarse en valentía, firmeza y capacidad para resolver problemas. 


Algunos estudios recientes incluso sugieren que, en determinadas circunstancias, la ira puede aumentar el esfuerzo orientado a alcanzar objetivos.


Sin embargo, esto no significa que cuanto más enfado mejor. La clave está en aprender a expresarlo sin agresividad, violencia ni falta de respeto.


La firmeza es compatible con la serenidad.


¿Qué ocurre cuando la ira se gestiona mal?


Cuando la ira es excesiva, frecuente o se expresa de manera inadecuada, puede generar importantes consecuencias.


En los adultos puede deteriorar:

  • la relación de pareja; 

  • la convivencia familiar; 

  • el ambiente del hogar; 

  • las relaciones sociales y laborales. 


Además, los episodios intensos de ira producen cambios fisiológicos como el aumento de la presión arterial y de la frecuencia cardiaca. Diversas investigaciones relacionan la ira crónica con un mayor riesgo cardiovascular y con conductas perjudiciales para la salud.


¿Por qué a los niños y adolescentes les cuesta controlar su enfado?


Antes de enseñarles a gestionar sus emociones es importante comprender que, en muchos casos, no se trata de mala voluntad ni de falta de educación. Existen factores evolutivos y ambientales que dificultan el autocontrol.


  1. La inmadurez del autocontrol


    Los niños nacen con una capacidad limitada para regular sus emociones.


    El autocontrol es la capacidad de gestionar pensamientos, emociones y comportamientos para actuar de forma reflexiva en lugar de impulsiva.


    Esta habilidad se desarrolla poco a poco a lo largo de la infancia y la adolescencia.


  2. El desarrollo incompleto de las funciones ejecutivas


    Las funciones ejecutivas son las habilidades mentales que nos permiten:

    • prestar atención; 

    • planificar; 

    • organizarnos; 

    • tomar decisiones; 

    • resolver problemas; 

    • controlar impulsos. 


    Estas capacidades dependen de áreas cerebrales que continúan madurando hasta bien entrada la juventud.


    Por eso los niños y adolescentes suelen reaccionar con más intensidad emocional que los adultos.


  3. El hambre


    Algo tan sencillo como tener hambre puede afectar significativamente al comportamiento.


    Cuando los niveles de energía bajan, aumenta la irritabilidad y disminuye la capacidad para tolerar la frustración.


  4. La falta de sueño


    Dormir bien es esencial para el equilibrio emocional.


    Los niños cansados suelen mostrar:

    • mayor irritabilidad; 

    • menos paciencia; 

    • más impulsividad; 

    • menor capacidad para resolver conflictos. 


  5. La sobreestimulación y el estrés


    Vivimos en una sociedad que ofrece una enorme cantidad de estímulos: pantallas, ruido, actividades, información y demandas constantes.


    Cuando un niño recibe más estímulos de los que puede procesar, puede sentirse saturado y reaccionar con enfado, irritabilidad o descontrol emocional.


    A esto se añade el estrés provocado por problemas escolares, conflictos sociales, exigencias académicas o dificultades familiares.


    El estrés mantenido dificulta el autocontrol y favorece respuestas impulsivas de lucha o huida.


    Las relaciones cálidas y seguras con los adultos actúan como un importante factor protector.


  6. El temperamento


    Cada niño nace con una forma particular de reaccionar ante el mundo.


    Algunos son más tranquilos y flexibles. Otros son más intensos, sensibles o impulsivos.


    El temperamento tiene una base biológica, pero no determina el futuro del niño.


    La educación, las experiencias y el ambiente familiar pueden ayudarle a desarrollar una buena regulación emocional.


  7. La influencia de los adultos


    La forma en que padres y educadores reaccionan ante sus propias emociones tiene una enorme influencia sobre los niños.


    Ellos aprenden observando.


    Por eso son especialmente perjudiciales:

    • la permisividad excesiva; 

    • la ausencia de límites; 

    • la falta de consecuencias; 

    • los gritos; 

    • las humillaciones; 

    • el mal ejemplo emocional. 


    La investigación muestra que los estilos educativos duros, hostiles o excesivamente controladores favorecen una peor regulación emocional y más problemas de conducta.


    Niña enfadado
  8. Los cambios propios de la adolescencia


    La adolescencia es una etapa especialmente sensible.


    Los cambios hormonales, el desarrollo cerebral, la búsqueda de identidad, la necesidad de independencia y la importancia creciente del grupo de iguales hacen que las emociones se vivan con mayor intensidad.


    Por ello, enseñar habilidades de regulación emocional durante estos años resulta especialmente importante.


    Lo que dicen las investigaciones sobre los padres que ayudan mejor


    Un hallazgo bastante sólido es el valor del “acompañamiento emocional”: padres que detectan, validan, ponen nombre a la emoción y luego enseñan a manejarla. 


    Este estilo se ha asociado con mejor regulación emocional infantil y, en distintos estudios, con menos problemas externalizantes o mejor adaptación. En adolescentes, el coaching emocional de la ira se ha relacionado con mejor regulación de la ira y menos conducta externalizante. 


    Otro hallazgo importante: no ayuda ni reprimir sin más ni permitir cualquier descarga. Lo que mejor funciona suele ser una combinación de:

    • acoger la emoción

    • limitar la conducta inadecuada

    • enseñar alternativas concretas


    En términos de valores, esto equivale a un mensaje muy claro:

“Tus sentimientos importan, pero no todo vale. En esta casa se puede estar enfadado sin faltar al respeto.”

Cómo ser un padre modelo de buen control de la ira


Ser modelo no significa no enfadarse nunca. Significa mostrar una forma noble y madura de enfadarse.


Qué hacen los padres modelo

  1. Reconocen pronto las señales: tensión corporal, tono de voz, prisas mentales, deseo de imponerse. 

  2. Pausan antes de reaccionar. recomienda precisamente hacer una pausa, respirar o tomarse un momento antes de hablar cuando uno está activado. 

  3. Separan emoción y conducta: “Estoy muy enfadado” no es “tengo derecho a gritar”. 

  4. Hablan con firmeza pero con  respeto

  5. Ponen límites sin humillar

  6. Reparan si se equivocan: piden perdón, explican y enmiendan. 

  7. No descargan en el niño problemas de adultos

  8. Cuidan sueño, estrés y sobrecarga, porque el autocontrol baja mucho cuando el sistema está saturado. 


Te ofrecemos algunas frases como ejemplo, que te pueden resultar útiles

  • “Ahora mismo estoy enfadado. Voy a respirar y te contesto en un minuto.” 

  • “No me gusta lo que ha pasado, pero no voy a gritar.” 

  • “Entiendo que estés furioso pero pegar no está permitido.” 

  • “Antes he hablado mal. No estuvo bien. Perdóname.” 


Eso enseña cuatro virtudes a la vez: autoconciencia, templanza, respeto y reparación.


Cómo expresar adecuadamente la ira y el enfado


La expresión sana de la ira suele seguir este esquema:

  1. Parar: No responder en caliente. Pensar antes de hablar.

  2. Ponerle nombre a la emoción: “Estoy enfadado”, “me he sentido despreciado”, “esto me ha frustrado”.

  3. Regular la emoción:  Respirar, alejarse un momento, bajar activación física, beber agua, caminar, oración silenciosa o breve pausa de recogimiento si encaja con la familia.

  4. Expresar con firmeza amable y, ya calmado, la molestia de forma clara y no confrontativa, empática y respetando las necesidades del otro. 


    Una fórmula útil:“Cuando ocurre X…, me siento Y…, y necesito Z….”


    Ejemplo: “Cuando me interrumpes constantemente, me enfado, y necesito que me escuches hasta el final.”


  5. Buscar reparación o solución. No quedarse solo en desahogarse.

    Lo que NO debemos hacer cuando un niño está muy enfadado

    • Dar sermones largos. 

    • Intentar razonar en pleno estallido emocional. 

    • Ridiculizar o avergonzar. 

    • Amenazar. 

    • Compararlo con otros niños. 

    • Exigir calma cuando nosotros mismos la hemos perdido. 


Las investigaciones actuales sobre regulación emocional insisten mucho en este punto.


En los siguientes artículos puedes encontrar como trabajar con ellos por edades


  • Cómo enseñar a tus hijos a gestionar su enfado [Estás aquí]

  • Cómo enseñar a gestionar el enfado a los menores de 6 años.

  • Cómo enseñar la gestión del enfado a los menores de 6 a 12 años

  • Cómo ayudar a tu hijo adolescente a gestionar su enfado.


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