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De refugiado a corredor olímpico: la increíble historia de Lopez Lomong

Lopez Lomong, Lopepe, nació en Kimotong, un poblado africano de Sudán del Sur. Junto a sus tres hermanos y sus padres, vivía una vida apacible y feliz. Cuando no estaba junto a su padre en el campo, iba detrás de su madre para que le mandase cualquier tarea o jugaba hasta que se ponía el sol, con sus amigos, en el bosque. Todo cambio un domingo…




Un niño perdido de Sudán

La primera parte de la historia tiene lugar durante los años de la segunda guerra civil de Sudán.

 

Un domingo, mientras asistía a misa junto a su familia, fueron asaltados por un grupo de soldados del ejército rebelde. Con tan solo 6 años, Lopepe, fue arrebatado del lado de sus padres. Desde aquel momento dejó de ser un niño.


Permaneció cautivo en un barracón durante 3 semanas. Las condiciones eran extremas: comían granos con arena, se hacinaban unos a otros para paliar el frío, no tenían luz… Sobra decir la fortaleza emocional que necesitamos para sobrevivir a una situación cómo aquella. Lopepe se refugiaba en sus pensamientos, dejaba que la imaginación le llevase junto a su familia. Pero pronto se dio cuenta de que, si pasaba demasiado tiempo pensando en su casa, lo único que querría sería llorar y acabaría sumido en esa tristeza. Cada mañana había algún niño que no se despertaba. En lugar de quedarse inmóvil, contemplando aquel horror, Lopepe se distraía cómo podía. La necesidad de estar vivo y el instinto de supervivencia, fueron sus alidados.


Un niño tan pequeño nos muestra el valor de la esperanza y la fortaleza.


En el campo conoció a 3 chicos de su mismo pueblo, sus tres ángeles, cómo el los llamaba. Esos tres chicos mayores se hicieron cargo de él y le salvaron la vida. Eran conscientes de las alternativas: morir o convertirse en niños soldados.



Planearon la huida y una noche escaparon. Salir del campo no fue tarea fácil, y aún superada la valla de espino, todavía les quedaban por delante tres días corriendo por la sabana africana. Corrían descalzos, casi sin horas para descansar. Al tercer día llegaron a la frontera con Kenia. Allí un grupo de soldados se hizo cargo de ellos. Llevaron a López a un campo de refugiados de Kakuma, perteneciente a ACNUR, al noreste de Kenia.


Los tres ángeles, a los que Lopepe no volvió a ver, le salvaron la vida. Un ejemplo de cómo el compañerismo, la ayuda y la generosidad son valores clave que nos enseñan a superar nuestros miedos con valentía.


Los años en Kakuma

Esta parte de la historia se desarrolla durante los 10 años que López permaneció en el campo de refugiados de Kakuma. Valores cómo la amistad, el cuidado mutuo, la idea de familia, se hacen latentes. Cómo sus padres nunca fueron a buscarle se hizo a la idea de que habían fallecido.

 

Kakuma era una ciudad habitada por refugiados viviendo en tiendas de campaña. El grupo más numeroso estaba formado por niños cómo López, separados de sus familias por motivo de la guerra. Junto a los chicos de su misma tienda formó una familia. Se ocupaban de los más pequeños, compartían la poca comida a la que tenían acceso, cuidaban unos de otros y se distribuían las tareas. Eran responsables de alguna acción, eso también les ayudaba a mantenerse con vida. La única actividad lúdica que les servía cómo distracción era jugar al futbol. Para poder jugar había una norma: correr 30 km antes del partido. López los corría feliz, le encantaba correr, lo único que quería era dar la vuelta lo más rápido posible para regresar y ponerse a jugar. Corría cómo terapia.


Tuvieron la ocasión de ver, en una granja vecina, las olimpiadas del año 2000. Cuando vio competir al atleta profesional Michael Johnson, sintió que ese sería su destino. López destacaba cómo corredor y empezó a soñar con convertirse en atleta olímpico.

Dos meses después, la gran noticia llegó al campo de refugiados. Una organización estadounidense quería hacerse cargo de 3.500 chicos y llevarlos a Estados Unidos donde vivirían con una familia de acogida. ¿El único requisito? Escribir una redacción en inglés contando su historia. Ayudado por sus amigos, su familia del campo, redactaron cómo pudieron un texto en inglés. La amistad entre niños y adolescentes es un valor esencial, amplía la información en estos artículos. Aquella carta significaba el pasaporte a la tierra prometida y fue un proyecto conjunto.

De forma paralela, el proyecto conocido como “Niños perdidos de Sudán”, conmovió a los Rogers, una familia de Siracusa, Nueva York. Rob Rogers se hizo eco de esta historia al entrar en una iglesia. Cuando Bárbara asistió a la primera reunión informativa no se lo pensó dos veces, rellenó todos los formularios necesarios para convertirse en familia de acogida.

 


La vida le brindaba a López una nueva oportunidad, iría a vivir a Estados Unidos.


Una nueva familia

Esta es la historia de López Lomong pero también la de sus padres Bárbara y Rob Rogers, una familia norteamericana que impulsados por las ganas de ayudar, de actuar desde la generosidad y el amor, adoptaron a varios chicos cómo López con el objetivo de darles una nueva oportunidad.

 

Con 16 años, en el año 2001, López llegó a Estados Unidos. Aunque habían pasado diez años de la separación de sus padres, gracias a los Rogers, volvería a ser un niño de verdad. Tras un viaje larguísimo fue recibido entre besos y abrazos. 

 

Se fue adaptando a un mundo nuevo. Comparado con el campo de Kakuma, Estados Unidos era, nada menos, que el paraíso. Continuó haciendo la actividad que más le gustaba: Correr. Su talento nato y sus aptitudes para el atletismo destacaban entre los demás. Lo ganaba todo y se convirtió en uno de los mejores mediofondistas de Estados Unidos.

Terminado el instituto, lo único que le pidió su familia americana era tener unos estudios universitarios. Con mucho esfuerzo y el apoyo de su familia pudo conseguir una beca para la universidad. Gracias a unos buenos entrenadores que supieron ver el potencial que tenía, siguió compitiendo en pruebas de atletismo y tras mucha preparación, al fin podría convertirse en atleta profesional.


Otro acontecimiento, quizás de los más emocionantes, fue el reencuentro con sus padres biológicos. Un día recibió una llamada. Su madre, a la que había dado por muerta, fue a buscarle al campo de refugiados y ahora se ponía en contacto con él.

López voló de nuevo a África. La alegría y el júbilo se apoderó de su aldea, convirtiendo cada día en una celebración por vida. El reencuentro, reforzaría el objetivo real de Lopez Lomong: dedicarse a ayudar a la gente de su país mientras corría.

 


Con unas marcas muy buenas en los Trials, pasó a formar parte del equipo olímpico americano en las olimpiadas de Pekín 2008. Y, no solo eso, fue elegido por todos sus compañeros para llevar la bandera estadounidense en la ceremonia olímpica inaugural.

Desde entonces no ha dejado de correr. Participó en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, y el Mundial de Doha 2019. Sin embargo, el mayor logro para López fue graduarse en la universidad 2011. – Una medalla de oro en Londres no me hubiera hecho tan feliz … Correr para vivir, pag.284 




Más que un sueño cumplido

Esta historia de superación, nuevas oportunidades y sueños cumplidos, no está libre de agradecimiento y compromiso social. López adquirió una promesa consigo mismo de esfuerzo y superación para lograr el fin mayor que es ayudar a su comunidad africana.

 

Actualmente, Lomong ha creado la Fundación Lopez Lomong Foundation cuya razón principal es cubrir cuatro necesidades básicas en Sudán: agua limpia, nutrición, educación y atención a la salud. También colabora con WORLD VISION en el proyecto Spark a Brighter Future. Un proyecto que consiste en dotar, a escuelas de Sudán del Sur, de herramientas digitales para la educación y la conectividad.

 

Además, escribió el libro: Correr para vivir, contando su testimonio, cuya lectura recomendamos encarecidamente. Un auténtico ejemplo de fortaleza, resiliencia, generosidad, optimismo y ganas de vivir frente a situaciones tremendamente adversas… un sinfín de valores.

 



La adversidad forma parte de nuestro día a día. En ocasiones resulta brutal, cómo es el caso de Lomong, pero sean las que sean  las circunstancias, la idea es tratar de revertir esa adversidad, sacar provecho de ella, aprendiendo, aumentando la resiliencia y los valores ( fortaleza, valentía, perseverancia, apoyo, compasión, solidaridad, esfuerzo, propósito, comunicación).

 

La historia de Lopepe nos muestra la importancia de inculcar principios y valores en los niños desde edades tempranas. Es el mejor regalo que les podemos hacer.

 

Puedes leerles esta historia a los más pequeños o incluso el libro con los mayores. Te sorprenderá.





















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