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Nuestra mayor preocupación ante un divorcio: ¿Qué pasa con nuestros hijos?

  • hace 10 minutos
  • 29 Min. de lectura
Padres mirando a lados opuestos e hijo sentado en el centro

El presente artículo está extraído del libro “ADIOS CORAZON” de Carmen Serrat-Valera y Mirem Larrazabal, que puedes encontrar en Alianza Editorial.


Protegedme de la sabiduría que no llora, de la 

filosofía que no ríe y de la grandeza que no se 

inclina ante los niños. 

KHALIL GIBRAN 


El mejor olor, el del pan; el mejor sabor, el de 

la sal; el mejor amor, el de los niños. 

GRAHAM GREENE 


Los padres son cada vez más conscientes de la importancia de un entorno saludable y adecuado para que sus hijos crezcan equilibrados, felices y sanos. 

En el pasado existía la creencia de que la pareja debía permanecer unida por el bienestar de los hijos, aunque la relación entre ellos fuera un infierno. Hoy en día ya no se sostiene. Multitud de investigaciones han venido a demostrar que una relación de pareja crónicamente conflictiva hace desgraciados a los miembros de la misma y a los hijos. 


Para salvaguardar el bienestar y la salud de los adultos y de los hijos, es mejor una separación, a pesar del sufrimiento que conlleva, que mantener una relación de esas características.  


Pero no queremos dejar de contarte que una relación conflictiva no tiene por qué acabar sí o sí en un divorcio. A lo largo de nuestra larga vida profesional hemos ayudado a muchas parejas o matrimonios a superar sus dificultades y poder disfrutar de una gozosa relación de pareja.


Quizás no te lo creas o te parezca imposible. Pero es cierto. Si el matrimonio es importante para ti y te hubiera gustado poder continuar, os recomendamos que busquéis la ayuda de un buen profesional (sabemos que no es fácil) y lo volváis a intentar. ¡¡¡Animo y mucho éxito¡¡¡


I. ¿Cómo afecta el divorcio a los hijos? 


A los múltiples problemas que tienes que afrontar en estos momentos se añade una preocupación más, y no precisamente la de menor importancia: tus hijos. 


Es posible que algunas de las siguientes preguntas te hayan rondado por la cabeza en estos difíciles momentos por los que estás atravesando: 


¿Cómo estará afectando esto a mis hijos? 
¿Les estaremos creando algún trauma? 
¿Cómo decirles que nos vamos a separar? 
¿Sería mejor continuar juntos, aunque vivamos en estado de conflicto permanente, por el bien de nuestros hijos? 
¿Tendrán nuestros hijos en el futuro problemas en sus relaciones como adultos como consecuencia de mi separación? 
¿Qué puedo hacer para amortiguar el coste emocional derivado de esta situación? 
¿Tiene esta crisis consecuencias psicológicas irremediables o una vez superada la crisis el niño volverá a la normalidad?. 
¿Cómo decirle que hay otra persona en mi vida y cómo conseguir que la acepte y que se lleve bien con él/ella.? 

A estas y a muchas otras cuestiones queremos responderte en este artículo desde una perspectiva que recoja y procure hacer compatibles tus necesidades y las de tus hijos, tratando de ofrecerte sugerencias y alternativas útiles y prácticas, elaboradas desde un planteamiento científico y riguroso. 


Para un niño, el divorcio no solo significa la ruptura entre sus padres, a los que él desearía indiscutiblemente ver juntos y en armonía. Supone también la separación cotidiana de uno de sus padres y establecer un nuevo tipo de relación con él, cuando no la pérdida de uno de los progenitores. 

Este último sería el caso de aquellos niños cuyos padres no sólo abandonan el hogar familiar, sino que cortan por completo la relación, desentendiéndose de ellos en todos los aspectos. 


A esta importante pérdida afectiva hay que añadir los efectos, sobre la salud psicológica de los hijos, de todos los cambios que han de afrontar: nuevas relaciones, cambio de vivienda, o de colegio, problemas económicos, soledad, peleas entre los padres y, en ocasiones, entre las familias políticas, y un largo etcétera. 


Cómo afrontes todos estos cambios será decisivo para tu futuro: el niño que se enfrenta a estos cambios con ayuda, apoyo emocional y recursos personales puede salir incluso enriquecido y fortalecido de esta crisis. 


Por el contrario, la carencia de estas condiciones puede dar lugar a problemas que lleguen a cronificarse con el tiempo. 


No les evitéis a vuestros hijos las dificultades de la vida; enseñadles más bien a superarlas. 

LOUIS PASTEUR 


*Veamos ahora algunas cuestiones relacionadas con las preguntas arriba mencionadas. No pretendemos ser categóricas en las respuestas. Todo lo contrario, cada niño es único y cada situación de divorcio diferente. Pretendemos aportarte algunas sugerencias que te puedan servir de ayuda para saber cómo actuar en estos momentos tan difíciles. 


*El divorcio es una experiencia dolorosa para los hijos. Es, sin duda, una de las experiencias más dolorosas para los niños. ¿Les crea problemas a largo plazo? A unos sí. Otros superan los problemas emocionales una vez superada la crisis. Y otros pueden salir fortalecidos de ella. 


Hasta muy recientemente no hemos dispuesto de investigaciones serias y rigurosas sobre las consecuencias del divorcio en los hijos. Queremos presentarte a continuación una revisión de investigaciones con credibilidad que han estudiado los impactos del divorcio a corto y a largo plazo en el desarrollo infantil y que identifican algunos de los factores que determinan la considerable variación en las reacciones de los hijos ante esta crisis. 


*El divorcio no debe concebirse como un hecho aislado que aparece en un determinado momento. El momento del divorcio o la separación legal es solo una parte de un largo proceso que comienza con conflictos y peleas entre los padres y que, generalmente, se prolonga muchos años después de la ruptura de la pareja y la marcha de uno de los progenitores. Las consecuencias de la mala relación entre los padres aparecen mucho antes de que se lleve a cabo la separación. 


El factor clave no es solo la ruptura de la relación, sino más bien la atmósfera de conflicto permanente que existía mucho antes del divorcio y que continúa después. 

El hecho de que el conflicto entre los padres tenga una influencia más destructiva y duradera sobre los hijos que la ruptura, parece indicar que la separación puede ser una opción saludable. Permanecer juntos supone que los hijos continúen en una atmósfera de conflicto y hostilidad permanente. Los padres constituyen un modelo de comportamiento para los hijos de gran relevancia. El ambiente de hostilidad y peleas entre ellos no solo genera ansiedad e inseguridad entre los hijos. También les está enseñando la fuerza y la violencia como forma de resolver los desacuerdos. Por supuesto que la separación es un hecho doloroso para los niños de cualquier edad, pero pensando a largo plazo, quizás sea el menor de los males. 


Algunas investigaciones han confirmado esto último: los niños de familias monoparentales (que vivían con uno solo de los padres), libres de conflicto, presentaban menos problemas de conducta que los de familias completas pero infelices. 

Las investigaciones parecen indicar que los trastornos psicológicos en los hijos de divorciados pueden haberse originado tanto como consecuencia de la separación, como en el periodo anterior, mientras que la familia seguía unida, pero en una atmósfera de alta conflictividad. Los hijos de divorciados, en algunos casos, presentaban más problemas psicológicos mucho antes de la separación efectiva de sus padres. 


*Parece ser que la naturaleza y gravedad de los efectos del divorcio varía según la edad de los hijos. 

Los efectos negativos son más evidentes en el primer año consecuente a la separación en todas las edades, aunque éstos suelen remitir en el plazo de dos años. En algunos las secuelas se mantienen a largo plazo. Los efectos negativos, más que al divorcio en sí, se deben al desacuerdo entre los padres y la prolongación de los conflictos, así como al deterioro de la calidad de vida del niño. Parece ser que afecta más a los adolescentes que a los preescolares. Estos últimos se recuperan mejor, gracias a la gran capacidad de adaptación de los niños a esa edad. 


*Además de la edad, hay otros factores que influyen en el proceso de recuperación: el sexo. Las niñas se recuperan mucho mejor que los hijos varones. Los chicos son más vulnerables a la experiencia de divorcio que las chicas. 

El impacto sobre ellos en el momento de la separación es mayor y su adaptación posterior es más lenta que la de las chicas. Solo se invierte el efecto, aparentemente, con las segundas nupcias de la madre: las chicas tendrían más posibilidades de verse afectadas negativamente por este hecho, mientras que en los hijos varones pueden tener efectos beneficiosos. Aunque todo ello va a depender de la relación con la madre, de las habilidades del nuevo cónyuge de la madre para incorporarse a esa familia, de la nueva relación establecida con los hijos previos de su mujer... 

Las relaciones previas con el padre y la madre, las negociaciones para decidir la custodia y las visitas, la calidad de vida en la familia monoparental y el nuevo matrimonio de los padres tienen que ver con el impacto emocional que el divorcio ocasiona en los hijos. 


*La calidad de las relaciones familiares, tanto antes como después del divorcio, ejerce un efecto poderosísimo como amortiguador, y por el contrario, la presencia de conflicto en casa es un factor entorpecedor en la adaptación de los hijos y la salud posterior. Resulta ilustrativo de la importancia que tiene la relación con los padres el siguiente estudio. Durante la Segunda Guerra Mundial, los niños ingleses, que vivían en Londres, fueron evacuados a las zonas rurales, donde había más seguridad, pero alejados de sus familias. Entre un 25 y un 50% de los niños evacuados y separados de sus familias durante este periodo de fuerte estrés desarrollaron problemas emocionales. Los niños que tenían una buena relación con sus padres, de los que les habían separado, se adaptaron bastante bien a su exilio. Los que tenían una pobre relación con sus padres se adaptaron mucho peor. Sin embargo, los que tuvieron menos problemas emocionales fueron los que permanecieron junto a sus padres a pesar de vivir bajo el terror de los bombardeos alemanes. 

Parece ser que la seguridad que les proporcionaba el estar junto a sus padres compensaba el trauma de los ataques aéreos, las bombas y los escombros y muertos a su alrededor. Esta anécdota ilustra el papel tan importante que pueden jugar los padres para amortiguar en sus hijos el impacto que puede ocasionar un estrés severo y prolongado. 


En este capítulo aspiramos a ofrecerte cierta ayuda para que puedas evitar el cometer errores innecesarios y puedas, por el contrario, prestar un fuerte apoyo a tus hijos. 


Resumiendo, queda claro en cualquier caso que el divorcio constituye una situación riesgo para los hijos y que puede dar lugar a problemas psicológicos. Pero todos los esfuerzos tendentes a minimizar el conflicto entre vosotros, a proporcionar a vuestros hijos el apoyo emocional que necesitan, a mantenerlos fuera del conflicto dentro de lo posible y evitar su participación directa en el mismo valen la pena.


La situación que mejor conduce al bienestar infantil es aquella en la que sólo se da un mínimo conflicto explícito entre los padres, y un máximo acuerdo sobre los métodos de educación, y donde los padres, continúan fácilmente accesibles y adecuadamente comprometidos


Sabemos que esto no siempre es fácil para los padres, que se encuentran atrapados en sus propios problemas y desbordados por la situación como para pensar que su hijo necesita apoyo emocional. O, incluso, aunque lo piense, carece de fuerzas y espacio para dárselo. Quizás piensas que son pamplinas propias de psicólogos, que hacen de todo un problema. Estás en todo tu derecho de pensar así, y en muchas ocasiones no te falta razón. También puedes pensar que es muy fácil hablar teóricamente de todo ello, pero cuando uno lo está pasando, es mucho más complicado y no es fácil comportarse de otra manera. 

Sin pretender crearte más problemas, quizás puedas encontrar en algunas de estas sugerencias recursos para ayudar a tus hijos en esta difícil encrucijada y sobre todo, ¡inténtalo!, verás como no es tan difícil y pronto cosecharás los frutos de tu trabajo.


II. Reacciones más frecuentes de los hijos y cómo decírselo a los hijos


Las reacciones de los hijos ante el divorcio de sus padres son muy variadas. 


La adaptación a la separación necesitará menos tiempo y será más fácil y con mejores resultados si los padres mantienen una buena relación con los hijos, les prestan apoyo y ayuda mantienen una relación civilizada entre ellos en la que es posible la comunicación y se establecen de mutuo acuerdo las nuevas normas y circunstancias que van a afectar a los hijos. 

Sabemos que esto no resulta fácil, pero quizás valga la pena intentarlo. Siempre te acercarás más a tu objetivo si lo intentas que si desistes por encontrarlo extremadamente difícil. 

A la mayoría de los niños pequeños les cuesta creérselo cuando les dan la noticia de la separación de sus padres. No se lo esperan. Todo su entorno se viene abajo de repente, la estructura en la que se asienta su mundo se tambalea. 


Ello da lugar a reacciones diferentes según la edad. 

En los pequeños, es normal el retroceso a etapas ya superadas y volver a presentar problemas en los hábitos de alimentación (tener mañas en las comidas, rechazar determinados tipos de alimentos), de sueño (pesadillas, problemas al acostarse no queriendo quedarse solos por la noche, pidiendo que dejen la puerta abierta y la luz encendida, o despertándose antes de lo previsto) o en el control de esfínteres (volviendo a hacerse pipí en la cama por la noche), etc. También es normal la aparición de miedos (ante los desconocidos, ante animales domésticos...). Puede negarse a jugar en el parque con sus amigos, mostrándose «atado a las faldas de su madre» debido a la inseguridad que la situación le puede crear, el temor al abandono, la preocupación acerca de qué va a ser de él, etc. 


En los mayores, la rabia, la indignación, el preguntarse por qué los padres no son capaces de llevarse bien es una reacción habitual.

 Dependiendo de cómo haya sido de inesperada la separación de sus padres, así será su reacción. Para algunos no será una sorpresa y quizás sea una liberación si va a terminar con la conflictividad en casa. 

Querer unir a los padres de nuevo es un deseo general en todas las edades. Los pequeños lo pueden verbalizar abiertamente. Los mayores pueden mostrarse más atentos hacia aquellas señales que puedan indicar cierta reconciliación entre sus padres. 

Algunos niños se pueden sentir culpables y responsables de la separación. A ello pueden contribuir las discusiones de los padres sobre asuntos relacionados con la educación u otro tipo de temas en los que han estado presentes. 

En ocasiones, algunos niños se niegan a ir al colegio, por temor a que sus compañeros se enteren y se burlen de ellos. Suele ocurrir en niños a los que les preocupa más lo que opinen los demás. Es conveniente en estos casos ponerles ejemplos de otros niños cuyos padres se han separado también. También es recomendable mantener un contacto más estrecho con la profesora y ver cómo le afecta al niño/a, y si la crisis se traduce en el rendimiento escolar. 

Otros niños lo mantienen oculto y tratan de que los amigos no se enteren; para ello evitan invitar amigos a casa, o pueden contestar con mentiras, como que el padre está de viaje, cuando tienen que justificar la ausencia de éste del domicilio. 

Algunos tratan de sacar ventajas de la situación y del afán de ambos padres por competir con el otro por el cariño del niño. Y así, cuando desean salirse con la suya o conseguir de uno de los padres determinados privilegios o cuando son regañados, recurren al chantaje con argumentos del tipo: «Pues con papá puedo hacer... mamá me deja...». 


¿Cómo decírselo a los hijos? 


A la hora de plantearles lo que está ocurriendo, dales la información adecuada a su edad. No es conveniente darles un exceso de información, pero tampoco despreciar la necesidad que el niño tiene de saber lo que está pasando. Tampoco es realista pensar que no se está enterando de nada. 

Explícales la decisión de separaros, sin culpar ni descalificar al otro. Trata de poner ejemplos que el niño pueda entender. 

Deja claro que ellos seguirán manteniendo la relación con ambos y el cariño de ambos. Explícales que, aunque vuestra relación como pareja ha terminado, nunca dejareis de ser sus padres y que vuestro amor es incondicional. 

Utiliza un lenguaje claro, sencillo y de fácil comprensión para ellos, pero obviamente adaptado a su edad. 

Evita dar información innecesaria y negativa del otro progenitor: 

«Tu padre se ha echado una amante» o «tu padre sale con otra mujer» 

o «a tu madre sólo le importa su trabajo y me tiene abandonado». 

No mientas. Y evita hacerte la víctima. 


Un ejemplo de cómo plantearlo por primera vez de forma sencilla podría ser el siguiente: 

Papá/mamá y yo hemos decidido vivir separados; ya no nos llevamos bien y es mejor no seguir viviendo juntos. Esta decisión no tiene nada que ver contigo. A ti te vamos a seguir queriendo igual y nos vas a seguir teniendo a tu lado y a tu disposición aunque uno de nosotros se vaya a vivir a otro sitio. Tú podrás ir allí cuando estés con él/ella, tener allí tus cosas y llevar a tus amigos.

 

Este ejemplo os puede servir de base para explicar a vuestros hijos vuestra decisión de separaros. 

Puede ayudarles también tratar de normalizar el tema, poniéndoles ejemplos de otros amigos que tienen a sus padres separados. Es importante que mantengas los canales de comunicación abiertos con tus hijos, estar abierto a las preguntas y continuar la conversación cuando ellos te lo demanden. 


Muchos padres nos preguntan si es conveniente dar la información juntos o por separado. Entendemos que, aunque lo óptimo sería dar la información estando los dos padres presentes, esto no es posible para la mayoría de los casos. Lo importante es que no haya contradicciones en las versiones de uno y otro, ni ataques mutuos. 


Ponte de acuerdo con tu ex pareja acerca de lo que vais a decir a vuestros hijos. Dad una explicación sin insultos ni acusaciones hacia el otro progenitor. ¡Ayudad a vuestros hijos a no sufrir con vuestros ataques mutuos! 


 Algunas sugerencias para ayudarte a ti y a tus hijos a la hora de decírselo. 


El mejor legado de un padre a sus hijos es un poco de su tiempo cada día. 

BATTISTA 


Estate atento a las señales que te indiquen que tu hijo lo está pasando mal

Es normal que aparezcan algunos de los siguientes comportamientos: 

En el caso de los más pequeños: llanto frecuente, dificultades para dormirse, retroceso a conductas que ya había superado: tener que dormir con la luz encendida o la puerta abierta, mojar la cama, sueño inquieto, no querer comer, no tener ganas de jugar, desear estar todo el día pegado a ti. 


En el caso de los adolescentes, que se muestren más irritables, que presenten problemas en los estudios, dificultades de concentración, no querer salir con los amigos, permaneciendo encerrados en casa, pueden ser señales de que lo están pasando mal. 

Se comprensivo con tu hijo. Entiende su estado emocional y sus preocupaciones. No te irrites por ello y bríndale apoyo y la posibilidad de hablar contigo de ello. 


Trata de mantener la continuidad en el ambiente de tus hijos. Es conveniente alterar al mínimo sus rutinas y su ambiente; hay que tratar que sufran los menos cambios posibles. Su capacidad de adaptación es limitada. Si se puede, es bueno que permanezcan en la misma casa en la que han vivido hasta ahora, que continúen en el mismo colegio y en el mismo barrio. Bastante shock supone el aceptar que sus padres se separan y la separación física de uno de ellos como para añadirles el coste emocional adicional de tener que hacerse nuevos amigos o adaptarse a otro colegio. 


III. Algunas sugerencias importantes para evitar errores frecuentes a la hora de divorciarse.


Evita dar a tus hijos un papel que no le corresponde. Vuestra separación también puede hacer que tu hijo madure de repente y actúe como un adulto a tu lado y que empiece a ayudarte en casa, a responsabilizarse de tareas, fruto de la compasión que pueda sentir por ti, si tu ex es el que se ha marchado, o sencillamente resultado de la generosidad y la solidaridad. Esto es positivo. Puede ser alguno de los efectos positivos de la crisis. 


Pero cuidado con la tentación de darle al hijo/a el papel de sustituto del padre/madre. Todavía más grave hacerle tu confidente. Pueden aparecer problemas a la hora de devolverle a su papel de hijo y echar marcha atrás en estos temas. Esta situación no se puede prolongar de por vida; con el tiempo, tanto tu como tu hijo iniciarán una nueva vida emocional autónoma, y será más difícil de aceptar para el otro. 


Proponte no caer en la tentación de utilizar a tu hijo como espía de tu ex. En ocasiones nuestra curiosidad, nuestro deseo de conocer cómo le va al otro, nos puede llevar a intentar obtener esta información a través de nuestros hijos. Tratar de averiguar cómo se encuentra el otro, si sufre o si parece que no le afecta la separación, si sale con alguna persona, a qué amigos ve, en qué gasta el dinero, si ahora hace todo aquello que no hacía con nosotros, son preguntas que es normal que te hagas. Aunque tus sentimientos de curiosidad son absolutamente normales y no te debes sentir culpable por ello, conviene que no los alimentes. Date permiso para tenerlos, pero no te dejes arrastrar por ellos dando satisfacción a tu curiosidad. Ello te llevaría a aumentar esta curiosidad en el futuro y a necesitar satisfacerla, y la información que obtengas, aunque de inmediato te haga sentir más tranquilo/a, a la larga te hará sufrir y te prolongará durante más tiempo el enganche emocional del que tanto necesitas desprenderte. 


Para tus hijos puede resultar doloroso verse sometidos a un interrogatorio acerca de su padre o madre y sentirse entre la espada y la pared. 

Por un lado, desea agradarte y darte la información, y por otro, puede sentir que traiciona al progenitor del que da la información y sentirse culpable. Todavía más grave es utilizar esa información, que el hijo ha podido darte en su afán de agradar, y verte discutir con tu ex por ello. Esto agravaría aún más los sentimientos de culpa del niño. 


Evita implicar a los niños en los conflictos entre tú y tu ex. No trates de que tome partido. 


No te dejes chantajear por tus hijos. Hay niños que aprovechan la situación para sacar cierta ventaja. «Pues papá me deja...», «con mamá hacemos...» Si se salen con la suya, aprenderán que es un arma eficaz. Mantente fiel a tus principios y pautas de comportamiento habitual y no te dejes influir. 


Evita discutir con tu expareja delante de tus hijos. No siempre es fácil y hay situaciones en las que puedes perder el control. Date permiso para haber cometido un error y retoma de nuevo tu objetivo de no discutir con tu ex delante de vuestros hijos. 


Se generoso a la hora de decidir la custodia de tu hijo. Deja a un lado tus intereses personales y ten en cuenta lo que es mejor para el niño. El tener una mayor disponibilidad de tiempo es una condición que probablemente facilite ocuparse de él mejor. Si te corresponde la custodia, se generoso con el tiempo que tu hijo pasa con el otro progenitor. Se flexible con el tiempo y si un cambio puntual en el tiempo que a ti te corresponde le permite al niño estar más tiempo con el progenitor que no tiene la custodia, cede y ambos, tú y tu hijo, saldréis beneficiados. 


El niño tiene derecho a estar con los dos, y ello es beneficioso para él. No intentes chantajear al otro privándole de los niños. 


Procura que tu hijo mantenga el contacto con el progenitor, que se va, lo máximo posible, por lo menos telefónicamente. Un error frecuente entre los «dejados» es no querer que el hijo visite la casa del que ha abandonado cuando hay otra persona. Lo ideal es que la relación entre vosotros, una vez superada la crisis inicial, en la que las heridas están recientes. y el dolor emocional todavía impide analizar las cosas con distanciamiento, se traduzca en un intercambio mutuo de favores. 


Una forma que facilita ahorrarse disputas innecesarias es que el hijo disponga en cada casa de un vestuario básico independiente. 


Si el niño vive contigo, procura tener al progenitor con el que no vive habitualmente informado de lo que el niño hace, de sus horarios, actividades, problemas de salud, hábitos de vida y, de ser posible, es deseable una continuidad y acuerdo en estos temas. 


Ante todo, lo mejor para el niño. Respeta sus derechos, a sus amigos, sus actividades, su tiempo y su independencia. Por ejemplo, si el niño tiene un cumpleaños de un hijo de un amigo del padre dentro del horario en que le corresponde estar con la madre, conviene hacer todo lo posible por facilitarle su asistencia y tratar de que lo haga en condiciones: que acuda bien vestido, con un regalo para el niño, etc. Por desgracia, asistimos con frecuencia en nuestro trabajo como psicólogas al triste espectáculo de ver cómo en el ejemplo del que hablamos hay padres o madres que privan al niño de asistir a ese acontecimiento o le envían mal vestido y sin regalo para, de este modo, vengarse del progenitor afectado. Si te sientes fuertemente agraviado por tu ex, es normal que sientas deseos de venganza y quieras aprovechar las oportunidades que la vida cotidiana te brinda para ello, pero dejándote llevar por esos sentimientos lo único que conseguirás es, además de perjudicarte a ti, perjudicar a tu hijo, privándole de una actividad de ocio que puede ser buena para su educación o dejando de enseñarle cómo hay que acudir a determinados actos sociales. Dejarse llevar por los sentimientos de venganza y actuar en consonancia con ellos solo conduce a alimentarlos, y probablemente la relación con tu ex, en vez de ser un intercambio mutuo de favores, acabe convirtiéndose en un intercambio de ataques y agravios en aumento. 


No dejes que los sentimientos de venganza tiñan la relación y los intereses de tus hijos, tratando de hacer guerra a las pautas educativas de tu ex. Por el contrario, tratad, dentro de lo posible, de mantener unas pautas educativas similares y consensuadas con el otro progenitor. 


Una flexibilidad horaria negociada entre ambos progenitores, tanto en el fin de semana como durante la semana, os permitirá salir a todos (vosotros y vuestros hijos) ganando. Deja a un lado tus agravios y piensa en lo que es bueno para todos a largo plazo. 


Procura no derrumbarte delante de los hijos. Ellos te necesitan para que les apoyes. Cuando no puedas impedirlo y te pongas a llorar delante de los hijos y te pregunten qué te pasa, explícales abierta y llanamente que te encuentras triste y las razones de ello. 


Aunque te domine el odio y el rencor, trata de no hablar mal del padre o madre de tus hijos. Procura hablar con objetividad. Evita recalcar sus defectos o aumentarlos, pero también lo contrario: el recalcar en exceso sus cualidades, ocultando los defectos, que el niño ve perfectamente con sus propios ojos, le puede llevar a cierta desconfianza. 

  

Una niña abranzdose a su padre y tomando de la mano a su madre

IV. Sugerencias para el padre o progenitor que se va del domicilio familiar. 


Lo que se les dé a los niños, los niños darán a 

la sociedad. 

KARL A. MENNINGER 


Si es la madre la que tiene la custodia y permanece en el anterior domicilio conyugal, y tú, como padre te has trasladado a otro domicilio, trata de que tu nueva casa sea un verdadero hogar y no simplemente un lugar de paso. Procura dotarla de los detalles que hacen confortable y dan calor a una casa: recuerdos, fotografías, plantas. El propio niño puede ayudarte a decorarla y puede ser bueno para él, ayudándote a encariñarse con su nuevo hogar, y a ambos a llenar muchas horas muertas del tiempo de ocio que compartís juntos. 


Igual que ocurre con los padres, los hijos necesitan un tiempo para adaptarse a la separación. No te alarmes ante las reacciones de tristeza, dolor o rabia de tus hijos. 


Déjales que expresen sus emociones en estos momentos. Ello les ayudará a digerir la situación. 

No pretendas que tus hijos pasen por esta situación como si no sucediera nada. Para ellos es una situación difícil y dolorosa. Dales un tiempo y se recuperarán de la crisis. 


Aquellos padres que pasan poco tiempo con sus hijos suelen hacer de los encuentros con éstos en el fin de semana un maratón de actividades: (parque de atracciones, comida en un restaurante, cine, cena también fuera de casa), colmándoles de regalos y satisfaciendo todos los caprichos. ¡Demasiadas cosas y excesivos gastos! 

La falta de costumbre de muchos padres de pasar el tiempo solos con sus hijos y el afán de ganar su aprecio les lleva a comportarse de esta manera. 


*A la hora de hacer planes con los hijos se suelen cometer dos errores: hacer solo lo que a los niños les gusta, con el consiguiente aburrimiento y malhumor para el padre/madre, y la falta de motivación para ocuparse de ellos en futuras ocasiones. 

O, por el contrario, hacer sólo lo que le gusta al padre/madre, con el consiguiente aburrimiento de los hijos y la pérdida de oportunidades de comunicarse y resolver problemas. 

Salir con amigos que tengan hijos de la misma edad puede ser bueno para ambos, todos se divierten


Procura llevar con tu hijo una vida normal: compartir las tareas domésticas, el bricolaje, ayudarle, si es preciso, en los deberes, hacer deporte, visitar a familiares. Repetimos, no hay que hacer cosas extraordinarias, salvo en ocasiones extraordinarias (cumpleaños, etc.), y una escena de la vida normal puede ser el padre/madre en casa trabajando o leyendo y el niño leyendo o haciendo deberes. 


Otro error que observamos con frecuencia es el abuso de la delegación de funciones de cuidados de los niños en los abuelos. Es bueno mantener y apoyarse en la relación, pero que no te sustituyan a ti. 

El contacto contigo es muy importante. Cuando tu hijo prefiere salir con un amigo o quedarse en casa con la madre, no lo tomes como una afronta, no compitas con la madre por el cariño de tu hijo. Invítale con amigos. Tus hijos te lo agradecerán, aunque es importante reservarse espacios para estar a solas tú y tu hijo. Analiza las salidas con tus hijos, si no son satisfactorias para ti o tu hijo descubre qué puede cambiar. 


Un contacto frecuente con el padre, para los hijos varones, se ha relacionado con una adaptación positiva. Mantén el contacto con tus hijos. Sin que te sustituyan en la relación, busca apoyo en parientes y amigos. 

El contacto telefónico o la videoconferencia es un recurso fácil y sencillo para estar disponible a diario y cerca de tus hijos. No lo desperdicies. 

Cuando hay muchos hijos reparte tu tiempo con ellos: trata de estar a solas con ellos para poder charlar, interésate por cómo les van las cosas, 

cómo van en el colegio, sus amigos, aficiones. Quizás de vez en cuando puedas estar un rato con ellos al salir de la oficina. 


Tan malo como colmarles de excesivos regalos, o abusar de los planes extraordinarios durante el tiempo de ocio, es la permisividad. Consentirle todo a los hijos para compensar los sentimientos de culpa por haber decidido salir del hogar o en un deseo de ganarnos su cariño, es claramente perjudicial para tus hijos. Les priva de unas normas y límites muy necesarios para su educación, así como del hábito de la disciplina tan, importante en su vida futura. 


Rehúye la tentación de darle a tu hijo/a un papel que no le corresponde. Hay niñas que asumen el papel de la madre y se responsabilizan de todas las tareas domésticas y del cuidado de los hermanos pequeños prematuramente. Otras veces el padre se hace acompañar por la hija adolescente para evitar ir solo. Ellas se acostumbran a hacer planes de mayores, a tener un acompañante varón muy interesante, y cuando salen con chicos de su edad se aburren, ya que no les proponen los planes interesantes de su padre. Encuentran a todos los posibles acompañantes de su edad infantiles y pequeños. Además de los problemas mencionados, cuando el padre encuentra una compañera emocional, pueden aparecer los celos, una mala relación con ella y problemas para volver a su papel de hija. 


V. Para la madre o progenitor custodio. 


Los hijos varones criados sólo con la madre, por ausencia del padre, pueden presentar problemas de conducta por falta de límites y la ausencia de una figura de autoridad. Una vez más te sugerimos que te apoyes en la familia o en los amigos y seres queridos cercanos. 


Existe el peligro, ante la situación de soledad que se experimenta tras un divorcio, de tomar a las hijas como amigas y buscar que nos proporcionen compañía en exceso con la consiguiente pérdida de oportunidades para las niñas (salir con amigas, vacaciones por su cuenta para no dejar a mamá sola). Por ello, es importante que trabajes por tener tu propia vida, tu propio círculo social, etc. Tu eres su madre, no amiga, y debes evitar darles información inadecuada para su edad. 


En algunos casos las madres que viven con los hijos tienen un difícil papel. 


La convivencia del día a día exige poner limites y pedir responsabilidades a los hijos, lo que constituye una de las tareas más ingratas de la educación. Resulta mucho más divertido ocuparse del ocio del fin de semana. Pero muchas veces los escasos recursos económicos impiden proporcionar al niño/a las oportunidades que el padre, generalmente con más recursos económicos, puede ofrecerle. 


Algunas mujeres que decidieron dejar de trabajar cuando sus hijos eran pequeños para ocuparse de ellos, se ven obligadas a hacerlo de nuevo al separarse. Para el hijo puede significar una pérdida añadida, al ver que su padre ya no vive con él y la madre debe ausentarse del hogar durante horas, disponiendo de menos tiempo para él. Dedícale todo el tiempo que sea necesario a explicarle las razones: necesidad de ganar dinero, desarrollo profesional o mantenerse ocupada y cambiar de vida. 


Procura no dejarles solos en casa. Búscales una persona que esté con ellos a la vuelta del colegio. Y mejor si es una estudiante que pueda ayudarles en los deberes escolares, jugar y hablar con ellos. Si esto no es posible, apúntale a actividades extraescolares para evitar que se queden solos en casa, o acuerda con una amiga o vecina que se vaya a tu casa, o con un compañero del colegio, hasta la hora que tú vuelvas. 


VI. Mi padre/madre tiene novio/a 


Numerosas investigaciones demuestran que un hogar dirigido por una pareja que se quiere y mantiene una buena relación cría hijos mucho más felices, aunque uno de los padres no sea el natural. Además, tienes derecho a ser feliz y a rehacer tu vida. Pensamos que la idea de que hay que sacrificarlo todo en función de los hijos no es acertada, nada más lejos de la realidad. Una madre o un padre feliz, sin lugar a dudas, hace más felices a sus hijos. 


Es completamente normal que si estás empezando a salir o te estás planteando el vivir con otra persona te asalten un montón de dudas. ¿Será capaz de hacerme feliz, a mí y a mis hijos, entenderá que mis hijos también necesitan mi tiempo y dedicación, ayudará a mis hijos, aceptará que no le traten igual que a su verdadero padre/madre, cómo reaccionaran mis hijos? 


No te dejes arrastrar por los sentimientos de culpa. Tienes todo el derecho a rehacer tu vida sentimental. Pero la aparición de esta persona va a afectar, sin duda, a la relación con tus hijos y con tu ex y es necesario afrontarlo con tacto y delicadeza. La entrada en escena del personaje del padrastro o madrastra puede complicar el guion. 


Muchos hijos responden con rabietas al tener noticia de ello. No te dejes chantajear. Explícales la necesidad que tienes de compañía, de diversión, de amigos. Deja claro en estos primeros momentos que no necesariamente es para casarse, que les vas a seguir queriendo igual, y les vas a seguir dedicando tu tiempo y atención. Y hacerlo es lo mejor para tus hijos y no es incompatible.


Pero tampoco te empeñes en introducir apresuradamente a esta persona en la vida de sus hijos. Dales tiempo, acepta su desconfianza inicial y gestiónalo hábilmente. Continúa manteniendo los encuentros con tus hijos a solas. No te empeñes en que tu nueva pareja esté presente en todas las actividades familiares y en todas las salidas con tus hijos. Ve muy poco a poco, sin forzar la situación. Tu nueva pareja debe comprender y no presionar para que las cosas sean de otra manera. 


Ayuda a tus hijos a expresar sus sentimientos y facilita que se sientan cómodos y libres para hablar de tus preocupaciones y de tu relación con la madrastra o el padrastro.


Es frecuente la aparición de celos en la expareja, especialmente si no ha rehecho su vida afectiva. Celos que se pueden manifestar mostrándose menos colaborador y dialogante en todo lo concerniente a la relación con los hijos, boicoteando las visitas y llegando incluso hasta el chantaje económico. 


Se comprensivo/a y aguanta el temporal. El tiempo lo cura todo; el ser humano se acaba adaptando a las circunstancias más difíciles. Siéntete afortunado/a por tener un apoyo afectivo en tu vida, y se generoso, tolerante y compasivo con la otra persona en estos momentos de crisis. 

Si se trata de tu expareja la que ha encontrado un novio/a, acude a los artículos acerca de cómo gestionar los celos, cómo apaciguarlos y en ningún caso te dejes arrastrar por ellos. 


Abstente de implicar a tus hijos en el papel de espía, de criticar a su padre o madre por su nueva relación, de enfrentarse abiertamente con la nueva persona en escena. Sólo contribuirá a enrarecer el ambiente. No temas que tus hijos puedan querer a esta persona más que a ti, pero si la quieren, la disfrutan y mantienen una buena relación con ella, es humano que sientas celos; acéptalos, pero no los cultives. Por el contrario, alégrate de que las cosas sean así y de que una situación que podía haber sido una bomba vaya sobre ruedas. 


Quizás pienses que estamos exagerando, pero en nuestra consulta habitual recomendamos a nuestros clientes que, en aquellas situaciones en las que es inevitable encontrarse con el novio/a, y más aún delante de los hijos, se comporten como «personas educadas y civilizadas» saludando cordialmente y evitando la confrontación. 


Otra forma de hacer la guerra soterrada es boicoteando las normas, razonables y necesarias, que el padrastro o madrastra establece en la casa. Este tipo de guerras no benefician a nadie. Apoya las normas del padrastro o madrastra siempre que sean normales y convenientes para la educación de tus hijos. 


Es habitual encontrarnos con madrastras o padrastros consumidos por los celos ante el amor que su pareja experimenta hacia sus hijos biológicos.. En el capítulo de los celos te indicamos diversos ejercicios para superarlos. En este área su comportamiento es un factor primordial. Acepta los celos, utiliza los ejercicios del capítulo sobre los celos para reducir su intensidad y sobre todo no te dejes llevar por ellos, no lleves a cabo aquello a lo que tus celos te impulsan: medir y comparar los gestos afectivos que tu pareja tiene con tus hijos y contigo, medir y comparar el tiempo que tu pareja dedica a tus hijos y a ti, escatimar el gasto y el dinero. No te has casado con un soltero libre de equipaje, sino con una persona a la que acompañan sus hijos de por vida. Y que sólo aceptándola, apoyándola y ayudándola conseguirás tu propia felicidad y la de los que os rodean. 


No caigas en el tremendo error de desear cambiar todas las costumbres de la casa de golpe. Dosis masivas de respeto, aceptación, mano izquierda y tolerancia son imprescindibles en estos casos. 


“Los niños comienzan por amar a los padres. Cuando ya han crecido, los juzgan, y, algunas veces, hasta los perdonan”

OSCAR WILDE 


VII. RESUMEN para tener a mano


Utiliza este resumen como recordatorio, para tener presente todo lo que puede ayudar a tus hijos en estos difíciles momentos. Imprímelo y tenlo a mano para recordarlo siempre que sea necesario.


  • Todos los esfuerzos tendentes a minimizar el conflicto entre tú y tu cónyuge para proporcionar a vuestros hijos el apoyo emocional que necesitan, a mantenerles fuera del conflicto dentro de lo posible y evitar su participación directa en el mismo valen la pena. 

  • La situación que mejor conduce al bienestar infantil es aquella en la que sólo se da un mínimo conflicto explícito entre los padres, y un máximo acuerdo sobre los métodos de educación, y donde los padres continúan fácilmente accesibles y adecuadamente comprometidos. 

  • Estate atento a las señales que te indiquen que tu hijo lo está pasando mal. 

  • Se comprensivo con tu hijo. Entiende su estado emocional y sus preocupaciones. No te irrites por ello y bríndale apoyo y la posibilidad de hablar contigo de ello. 

  • Trata de mantener la continuidad en el ambiente de tus hijos. 

  • Evita dar a tus hijos un papel que no les corresponde. 

  • No cometas el error de hacerles tu confidente. 

  • Proponte no caer en la tentación de utilizar a tu hijo como espía del otro progenitor. 

  • No olvides que tú eres su padre o madre, no su amigo ni «colega». 

  • Para tus hijos puede resultar muy doloroso verse sometido a un interrogatorio acerca de su padre o madre y sentirse entre la espada y la pared. 

  • Evita implicar a los niños en los conflictos. 

  • No te dejes chantajear por tus hijos. 

  • Evita discutir delante de tus hijos. 

  • Se generoso a la hora de decidir la custodia de tu hijo. 

  • Que tu hijo disponga en cada casa de un vestuario básico independiente en la medida que sea posible. 

  • Procura tener al progenitor, con el que no vive habitualmente, informado de los temas que afectan a vuestros hijos

  • ¡ANTE TODO LO MEJOR PARA EL NIÑO! Respeta sus derechos, a sus amigos, sus actividades, su tiempo y su independencia. 

  • Abstente de privar a tu hijo de una actividad de ocio que puede ser buena para su educación; lo único que conseguirás es perjudicarle. 

  • No dejes que los sentimientos de venganza tiñan la relación. 

  • Una flexibilidad horaria negociada entre ambos progenitores permitirá que «todos salgan ganando». 

  • Procura no derrumbarte delante de los hijos. 

  • Aunque te domine el odio y el rencor, trata de no hablar mal del padre o madre de tus hijos. 

  • Trata de que tu nueva casa sea un verdadero hogar. 

  • No te alarmes ante las reacciones de tristeza, dolor o rabia de tus hijos. 

  • Déjales que expresen sus emociones en estos momentos. 

  • No pretendas que tus hijos pasen por esta situación como si no sucediera nada. 

  • Salir con amigos que tengan hijos de la misma edad puede ser bueno para ambos; todos se divierten. 

  • Apóyate en tu familia, pero que no te sustituyan a ti en las labores de cuidado de tus hijos. 

  • Un contacto frecuente con tus hijos es lo mejor que puedes hacer por ellos. 

  • El contacto telefónico frecuente requiere poco tiempo y a tus hijos les hace sentir que tú estás ahí. 

  • Si tienes varios hijos reparte tu tiempo con ellos. Los encuentros a solas con cada uno de ellos resultan enriquecedores. 

  • Evita colmarles de excesivos regalos

  • No te dejes arrastrar por la permisividad. Es cómoda para ti, pero nefasta para tus hijos. 

  • Rehúye la tentación de darle a tu hija/o mayor un papel que no le corresponde (bien de madre/padre, de amiga/o, o de acompañante). 

  • Apóyate en la familia o en los amigos y seres queridos cercanos para ejercer el papel de autoridad. 

  • Trabaja por tener tu propia vida, tu propio círculo social, etc. 

  • Tu eres madre no amiga y debes evitar darles información inadecuada para su edad. 

  • Si tu divorcio te ha obligado a reengancharte al trabajo, dedícale todo el tiempo que sea necesario a explicarle las razones de tu nueva actividad profesional. 

  • Procura no dejarles solos en casa. 

  • Tienes derecho a ser feliz y a rehacer tu vida. 

  • La idea de que hay que sacrificarlo todo en función de los hijos no es acertada. 

  • Nada más lejos de la realidad: una madre o un padre feliz sin lugar a dudas hacen más felices a sus hijos. 

  • No te dejes arrastrar por los sentimientos de culpa. Tienes todo el derecho a rehacer tu vida sentimental. 

  • Explícale a tus hijos la necesidad que tienes de compañía, de diversión, de amigos. 

  • No te empeñes en introducir apresuradamente a tu novio/a. 

  • Dales tiempo, acepta su desconfianza inicial. 

  • Continúa manteniendo los encuentros con tus hijos a solas. 

  • No te empeñes en que tu nueva pareja esté presente en todas las actividades familiares y en todas las salidas con tus hijos. 

  • Ayuda a tus hijos a expresar sus sentimientos ante esta nueva situación. 

  • Abstente de implicar a tus hijos en el papel de espía, deja de criticar a su padre o madre por su nueva relación y de enfrentarte abiertamente con la nueva persona. 

  • Acepta que tus hijos puedan tener una buena relación con el padrastro o madrastra. Alégrate de que las cosas sean así. Aunque escueza, es mejor para todos. 

  • En los encuentros obligados con tu ex y la nueva pareja compórtate como «persona educada y civilizada» saludando cordialmente y evitando la confrontación. 

  • Apoya las normas del padrastro o madrastra siempre que sean normales y convenientes para la educación de tus hijos. 

  • Si vives con los hijos de tu pareja, no caigas en el tremendo error de desear cambiar todas las costumbres de la casa de golpe. 

  • No olvides que no te has casado con un soltero/a libre de equipaje, sino con una persona a la que acompañan sus hijos de por vida. Y que sólo aceptándola, apoyándola y ayudándola conseguirás tu propia felicidad y la de los que te rodean.


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