El miedo y la ansiedad en la crianza: cómo afectan al bienestar familiar
- hace 10 horas
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Como influye el miedo y la ansiedad en la buena crianza. Diferencia entre el miedo y la ansiedad. Y cómo afectan uno y otro al bienestar personal, a la pareja y a la familia.

Es muy normal y frecuente la preocupación de que a los hijos les pueda pasar algo. Desde que son bebes hasta cumplida la adolescencia.
Convertirse en padre o madre implica una transformación profunda del cerebro y de la vida emocional. Uno de los cambios más universales es la aparición de una mayor sensibilidad al peligro y una preocupación más intensa por la seguridad del hijo.
Esto no es un defecto, sino una adaptación biológica. Desde el punto de vista evolutivo, los padres que percibían mejor los riesgos protegían mejor a sus hijos, aumentando sus probabilidades de supervivencia
El problema no es el miedo en sí.
El problema aparece cuando el miedo se vuelve excesivo, persistente o desproporcionado, y comienza a interferir en la crianza, en la relación con el hijo, en la relación de pareja y en el bienestar personal por lo que es bueno conocerlos y aprender a superarlos.
El miedo y la ansiedad en la crianza. Cuando el amor se mezcla con el temor
Qué es el miedo y qué es la ansiedad
Aunque se usan como sinónimos, no son exactamente lo mismo.
El miedo es la reacción ante un peligro real e inmediato
El miedo es una emoción básica, universal y adaptativa. Aparece cuando percibimos una amenaza concreta.
Ejemplos en la crianza:
Ver que el bebé se acerca a una escalera.
Que el niño desaparezca momentáneamente en un parque.
Que el adolescente llegue tarde por la noche.
El miedo es útil porque activa mecanismos de protección.
Funciones positivas del miedo:
Aumenta la vigilancia
Permite anticipar riesgos
Reaccionar más rápidamente ante un peligro real.
Favorece la preparación de acciones protectoras
Es una emoción necesaria y saludable que nos permite proteger al
Sin miedo, la crianza podría ser negligente.
La ansiedad es la anticipación de un peligro futuro o imaginado
La ansiedad es diferente. Es una emoción orientada al futuro. No responde a un peligro real presente, sino a la posibilidad de que algo malo ocurra. Es una emoción caracterizada por sentimientos de tensión, pensamientos de preocupación y que puede dar lugar a cambios físicos como aumento de la presión arterial.
Ejemplos frecuentes:
“¿Y si deja de respirar mientras duerme?”
“¿Y si se cae y se hace daño grave?”
“¿Y si se junta con malas compañías?”
“¿Y si fracasa en la vida?”
La ansiedad es útil en pequeñas dosis, pero perjudicial cuando es excesiva o constante.
Por qué los padres experimentan miedo intenso por sus hijos
Es una consecuencia directa del vínculo afectivo.
Desde el punto de vista biológico, el cerebro parental se reorganiza para priorizar la protección del hijo. Se activan especialmente:
La amígdala (detección de amenazas)
El sistema de apego
Los circuitos de vigilancia
Cuanto mayor es el amor, mayor es la vulnerabilidad emocional.
Pero como decía el psiquiatra John Bowlby, creador de la teoría del apego:
“Amar profundamente es aceptar la posibilidad de perder.”
Cuando el miedo es equilibrado tiene efectos positivos
El miedo moderado favorece una buena crianza:
Mayor atención a las necesidades del hijo
Prevención de riesgos reales
Protección adecuada
Implicación parental
Los hijos de padres atentos pero emocionalmente estables desarrollan lo que Bowlby denominó apego seguro (Bowlby, 1988).
El niño percibe seguridad y cuidado y desarrolla el apego seguro .
Cuando el miedo es excesivo tiene efectos negativos en la relación con los hijos
Cuando el miedo es frecuente, intenso o desproporcionado, puede alterar una buena crianza dando lugar a:
Sobreprotección
El padre o madre intenta eliminar todos los riesgos. Esto por desgracia es imposible.
Conductas típicas:
No dejar que el niño explore
Intervenir constantemente
Evitar cualquier situación nueva
Resolver todos los problemas por el hijo
Consecuencias:
El niño no desarrolla autonomía ni confianza.
Le estamos enseñando que: “El mundo es un lugar lleno de peligros” y que “yo no soy capaz.”
Esto además de aumentar el riesgo de ansiedad infantil, recorta las posibilidades de crecimiento y de resiliencia.
Transmisión emocional del miedo al propio niño.
Los niños perciben el estado emocional de los padres, incluso sin palabras.
El cerebro infantil es especialmente sensible a las señales emocionales.
Si el padre vive en alerta constante, el niño aprende que el mundo es inseguro.
Esto puede generar:
Niños inseguros
Niños ansiosos
Niños dependientes
Baja tolerancia a la frustración.
Inhibición del desarrollo
El desarrollo psicológico requiere exposición gradual a retos.
Sin esa exposición, el sistema nervioso no aprende a regular el miedo.
La evitación mantiene la ansiedad y el miedo patológico.
Es uno de los mecanismos más importante en psicología clínica.
El miedo no se supera evitándolo. La única forma de superar un miedo es:
“Afrontando aquello que temes y que no encierra un peligro real, poco a poco pero llevando al miedo como compañero de viaje. No esperes a que se te pase el miedo para hacer algo, porque lo que haces es evitarlo y por lo tanto alimentarlo y engordarlo.”
Y no olvides que la vida tiene un componente de adversidad, de problemas, de dificultades, de dolor, que no les puedes evitar, pero si les puedes ayudar a enfrentarlo, manejarlo, perderle el miedo y haciéndose cada vez más resistentes ante las dificultades y más competente en su manejo. Lo que a su vez ayuda a la estabilidad emocional y la felicidad.
Cómo influye en la adolescencia
En la adolescencia, el miedo parental excesivo puede provocar:
Dos reacciones posibles
a). Dependencia excesiva: El adolescente no desarrolla su autonomía.
b). Rebeldía intensa: El adolescente lucha por liberarse del control.
En ambos casos, la relación se deteriora.

Cómo influye en la relación de pareja
La ansiedad parental afecta directamente a la pareja.
Puede provocar:
Conflictos entre los padres
La ansiedad parental puede afectar significativamente la relación de pareja.
Puede producir:
conflictos sobre la educación del hijo
discrepancias en el nivel de control
desgaste emocional
reducción de la intimidad
Especialmente si uno es más ansioso que el otro.
Ejemplo típico:
Uno quiere proteger más
El otro quiere fomentar la autonomía
Esto genera discusiones frecuentes.
Investigaciones muestran que el estrés parental es uno de los principales factores de deterioro de la satisfacción conyugal.
Desplazamiento de la atención
Los padres miedosos centran toda su energía emocional en el hijo.
La pareja queda relegada y se descuida.
Ello hace que se debilite el vínculo conyugal.
Contagio del miedo o ansiedad.
La ansiedad es contagiosa y puede crear un clima familiar de tensión.
¿Cómo influye en el bienestar personal del padre o la madre?
El miedo excesivo tiene consecuencias importantes.
Cansancio emocional
La vigilancia constante es agotadora.
El sistema nervioso permanece activado y no se relaja y no descansas.
Hipervigilancia
El padre o la madre puede llegar a un estado de alerta permanente, teniendo dificultades para relajarse, con todas las consecuencias que ello puede acarrear: dificultades para dormir, irritabilidad, magnificación de situaciones y de pequeños conflictos familiares, dificultades para el desempeño del trabajo... etc.
Rumiación mental y obsesiones,
Los pensamientos repetitivos, a lo largo del día, sobre posibles peligros pueden llevar a dificultades de concentración y desatención de aspectos importantes de la vida cotidiana.
Ejemplo:“¿Y si le pasa algo?”
Pérdida de calidad de vida
Y poco a poco se va perdiendo la habilidad para disfrutar de todo lo positivo que la vida nos ofrece cada día y de este modo el presente queda eclipsado por el miedo al futuro. Esto a su vez puede favorecer cierta depresión.
La paradoja central: el miedo excesivo puede perjudicar aquello que intentas proteger
Tu miedo busca proteger a tu hijo.
Pero cuando es excesivo, puede:
Limitar su desarrollo
Transmitir inseguridad
Debilitar su autonomía
Aumentar su ansiedad futura
El objetivo no es eliminar el miedo.
Es regularlo.
Qué caracteriza a un miedo sano en la crianza
El miedo sano es:
Proporcional
Flexible
Realista
Compatible con la autonomía del hijo
Te permite proteger sin impedir el crecimiento.
Qué caracteriza a un miedo excesivo
El miedo es problemático cuando es:
Frecuente
Intenso
Desproporcionado
Difícil de controlar
Basado en posibilidades remotas
Priva a tu hijo de experiencias adecuadas y enriquecedoras.
Interfiere en la vida cotidiana
Interfiere con tu bienestar, el de tu pareja y la familia.
Da lugar a discusiones en la pareja.
Qué ayuda a los hijos a desarrollar seguridad
Paradójicamente, no es la ausencia de riesgos.
Es la presencia de padres tranquilos y confiados.
El niño necesita sentir:“Estoy protegido” pero también “Soy capaz”Ambos mensajes son esenciales.
Y la práctica cotidiana de autonomía e independencia según su edad.
La crianza equilibrada y saludable consiste en proteger sin impedir crecer
El objetivo no es eliminar el miedo.
Es evitar que el miedo dirija la crianza.
El amor protege.
El miedo excesivo limita.
La confianza desarrolla.
Recuerda qué es importante
> Los hijos no necesitan padres sin miedo.
> Necesitan padres que no actúen guiados por el miedo.
> La seguridad del niño no nace de la ausencia de riesgos.
> Nace de la confianza que percibe en sus padres y de aprender a ir poco a poco superando pequeños miedos por sí mismo.Y de ir experimentando poco a poco, pequeñas dificultades acordes a su edad y guiado por ti, para adquirir fortaleza y resiliencia.
Si tú también sufres miedos, proponte superar un pequeño miedo diario e ir afrontándolos poco a poco.
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