La salud mental de la familia

Sin salud mental, no tenemos nada. Todas las personas que han experimentado su ausencia coinciden en esto. Por desgracia, no siempre le prestamos la atención necesaria. Vivimos en una época de culto al cuerpo, a la apariencia física y al “postureo”. Sin darnos cuenta, y arrastrados por estas tendencias, podemos descuidar la otra salud, la mental, que sin la menor duda es la más importante.



La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la salud mental como: “un estado de bienestar mental que permite a las personas hacer frente a los momentos de estrés de la vida, desarrollar todas sus habilidades, poder aprender y trabajar adecuadamente y contribuir a la mejora de su comunidad. Es parte fundamental de la salud y el bienestar que sustenta nuestras capacidades individuales y colectivas para tomar decisiones, establecer relaciones y dar forma al mundo en el que vivimos”

Por tanto, tener salud mental, además de la ausencia de trastornos mentales, supone ser capaz de afrontar la vida correctamente, y gestionar adecuadamente nuestras emociones y nuestras relaciones para disfrutar de paz interior y bienestar.


La realidad es que la salud mental se ve influida por gran cantidad de circunstancias. Están los factores genéticos, los sociales, los económicos, el consumo de sustancias, los estresores a los que está sometida la persona… Los factores de riesgo pueden aparecer en cualquier momento, pero es durante la infancia cuando inciden más, por tratarse de un periodo más vulnerable. Pero también existen factores de protección (habilidades sociales, de toma de decisiones, gestión de emociones, herramientas para resolver conflictos…) que pueden aparecer en cualquier etapa de la vida.


A continuación te ofrecemos algunas ideas para promover la salud mental en la familia


1. Fomentar un ambiente familiar positivo. Que tanto hijos como padres sientan que están en un ambiente tranquilo, de confianza y estable contribuye a que la salud mental se mantenga. Esto no quiere decir que no haya conflictos ni discusiones, sino que se afronten desde la calma y con una actitud constructiva.

Hay muchos elementos que ayudan que haya un ambiente familiar positivo. Por ejemplo, uno de ellos es asegurarte que existe una comunicación fluida y sana basada en la confianza y el respeto. También es importante establecer límites desde la amabilidad. Por otro lado, trabajar la paciencia y aprender a gestionar conflictos también es clave.



Si necesitas ampliar la información y aprender para gestionar mejor estos temas te animamos a que leas estos artículos. Claves para un ambiente familiar positivo parte I y parte II.


2. Gestionar correcta de las emociones. Sin duda es uno de los aspectos que mayor importancia tienen. Ser capaz de reconocer las emociones, dejarles espacio y gestionarlas adecuadamente protege enormemente la salud mental. No nos referimos a buscar continuamente el placer o las emociones agradables sino conseguir afrontar las dificultades y las emociones difíciles desde la aceptación y con una actitud activa.

Además, si al mismo tiempo cultivamos emociones positivas como la alegría, la gratitud o la generosidad nos aseguramos estar bien protegidos cuando aparezcan los sinsabores de la vida.


3. Crear un sentido de pertenencia. Sentirse parte de un grupo y disfrutar de relaciones estables y sólidas nos ayuda a mantener nuestra salud mental a raya.

Todos tenemos la necesidad de que se nos tenga en cuenta y sentir que somos importante para los demás.

Como puedes imaginar, un lugar idóneo para conseguir esto es la propia familia. Aquí es donde tenemos nuestras primeras experiencias de socialización pero también de amor, afecto y apego.

Está comprobado que las personas que se sienten conectadas a otras, en las que apoyarse en los malos momentos, disfrutar de los buenos y compartir el tiempo son más felices y sobrellevan mejor las dificultades y problemas de la vida.

Nuestro consejo, tanto para ti como para tus hijos, es que paséis tiempo con amigos y familia, que participéis en actividades de equipo o grupo… Es muy recomendable mantenerse conectado y abrirse a los demás.





4. Vivir de acuerdo a principios y valores. Siempre decimos que los valores son como una brújula que guía nuestro camino. Esto nos aporta estabilidad y coherencia en nuestras vidas, aspectos muy importantes en la salud mental.

Además, se ha comprobado que valores como el respeto , la amabilidad o la gratitud favorecen el bienestar y la felicidad. Por su parte, la resiliencia ayuda a afrontar las dificultades desde una actitud de aceptación y superación protegiéndonos del sufrimiento que nos pudieran ocasionar dichas adversidades.


Te animamos a que explores nuestro blog en el que te damos claves concretas para educar en valores


5. Promover la calma y tranquilidad. Uno de las emociones que merma y deteriora la salud mental es el estrés. En el mundo en el que vivimos, en el que las prisas y la sobrestimulación son protagonistas, merece la pena dedicar tiempo a cultivar la calma y el sosiego.

No hay una única forma de hacerlo. Podéis probar distintas opciones: yoga, pilates, meditación, respiraciones diafragmáticas, relajación muscular…

En esta línea también nos parece interesante destacar la necesidad de vivir de forma sencilla, austera y centrada en el presente. Este estilo de vida nos enfoca a lo que realmente conecta con nuestros valores y con lo que el ser humano necesita para sentirse bien.El exceso suele ser una de las causas de insatisfacción y malestar.


6. Gestionar preocupaciones y afrontar problemas. Si queremos proteger nuestra salud mental es necesario tener habilidades de afrontamiento adecuadas. Siempre decimos que a nuestros hijos hay que írselas enseñando desde bien pequeños. Quizás muchas de las preocupaciones del día a día tienen bastante sentido, pero normalmente no resulta muy práctico ni saludable bucear en ellas. Pensar excesivamente sobre lo que nos preocupa no soluciona el problema y la mayor parte de las ocasiones es más útil pasar a la acción, a ocuparnos de las dificultades de manera eficaz. Que se sientan capaces de afrontar los distintos retos de forma autónoma contribuye a que se sientan más seguros de sí mismos y que experimenten menos sensaciones de temor, estrés o angustia. También es recomendable dejar que vayan tomando decisiones desde temprana edad para que en la adultez, sean capaces de hacerlo con temas más relevantes.


Son muchas las habilidades de afrontamiento que vamos adquiriendo a lo largo de la vida. Desde resolver conflictos, tomar decisiones como comentábamos a habilidades de comunicación y gestión emocional.


Todas estas capacidades son las que le permitirán afrontar sus problemas desde la templanza y sabiduría. Aprender desde la propia experiencia nos ayuda a madurar y a fortalecernos para el futuro.


7. Prestar atención al autocuidado. La parte mental y la física están conectadas. Tener un estilo de vida saludable previene el deterioro de la salud mental. Es imprescindible mantenerse activo, cuidar la alimentación y descansar lo suficiente. También son importantes las revisiones médicas para asegurarnos que todo funciona de forma correcta tanto por dentro como por fuera.


Por supuesto, a nivel psicológico también debemos asegurarnos que todo funciona adecuadamente. Tanto padres como hijos debemos cuidar esta faceta. Cierto es que no siempre que “estamos de bajón” significa que pase algo malo pero no podemos bajar la guardia. Es importante que estemos pendientes ante comportamientos y actitudes diferentes a las habituales y que no quitemos importancia a lo que nuestros hijos nos cuentan. No todo responde a los cambios normales del paso de la niñez a la edad adulta. Asesórate por profesionales de la salud mental si tienes dudas.


8. Pedir ayuda. En la línea del punto anterior, es importante que pidas ayuda cuando sientas que tus fuerzas o conocimientos no son suficientes. En la inmensa mayoría de los casos, un asesoramiento o intervención a tiempo es de gran utilidad.



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